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miércoles, enero 01, 2020

El descrédito de las vanguardias artísticas de Victoria Combalía y otros (Decimosexta parte)

POR MARIO ROSALDO




1

La utopía estética en Marx y las vanguardias históricas por Simón Marchán Fiz
(pp. 9-45)

CONTINUACIÓN



Retomemos esta discusión. Estamos en el tercer apartado del ensayo de Marchán[1]. Recordemos de entrada que Marchán sostiene que las antinomias presuntamente planteadas por los Manuscritos de Marx ya habían sido detectadas previamente por la filosofía clásica alemana, con la diferencia de que dichas antinomias se habían «fortalecido» con el desarrollo industrial «durante el siglo XIX». La «solución» de Marx a tales antinomias, dice Marchán, «supone toda una inversión materialista»[2]. Eso significa, para Marchán, que la «solución» de Marx no se funda en «un problema de conocimiento», sino en la exigencia de convertir el problema teórico de la filosofía en uno práctico. Así, la vía que sigue Marx, de acuerdo a la opinión de Marchán, no es la de la acción práctica, menos la de la acción revolucionaria, sino la de la argumentación filosófica, la de la pura acción teórica: Marx se habría limitado a negar y rechazar «la reducción y la carencia de ciertas necesidades humanas»[3], a simplemente criticar o denunciar teóricamente el desarrollo unilateral del hombre en la sociedad capitalista. De ahí que, siguiendo la idea de Marchán, con este procedimiento Marx habría originado «una nueva teoría de la apropiación», la cual, para establecerse como válida o verosímil, debía remontar un obstáculo: «la superación de la propiedad privada»[4]. Tenemos, entonces, que, conforme a Marchán, en Marx la «superación» no es un método dialéctico de acción sensible, empírica, sino una mera categoría de un razonamiento filosófico, que en vano intenta ser realista, pues no encuentra cómo pasar de la teoría a la práctica, a la realización práctica de esa «solución» presuntamente concebida mediante el «análisis» de las antinomias tradicionales. La perspectiva de Marchán obedece, desde luego, al prejuicio filosófico-idealista de que todo empieza y termina en el discurso, en la argumentación, en la teoría, concebida como un campo por completo separado de la acción práctica, de la experiencia en la vida diaria, o de las cosas de la naturaleza. Por esa razón, pasa por alto que el accionar práctico comienza desde el momento en que se deja de actuar conforme a la falsa representación de la realidad asumiéndose como hombre total, real, no como hombre anulado por la propiedad privada, por el sistema económico dominante. Al entender equivocadamente que en Marx todo es teoría, que Marx sigue una mera vía teórica, Marchán ve la «solución» marxiana como una simple suposición y un anhelo irrealizable, utópico, aunque «concreto» si lo compara con las abstracciones de los filósofos clásicos alemanes, que, a su juicio, no sólo preceden a Marx, sino también influyen en él. Sin duda, la visión sesgada que Marchán tiene de Marx proviene de su formación profesional de crítico de arte, no puede atribuirse a un burdo error de lectura, pues incluso la cita de Marx, que el propio Marchán nos presenta, demuestra que aquél no se refiere a un hombre total hipotético, ideal ni futuro, sino al hombre vivo, existente, a lo que el burgués y el proletario son en realidad —en la historia o en el aquí y ahora—, al margen de toda representación falsa y dominante: hombres de carne y hueso. Por ese mismo prejuicio filosófico-idealista, Marchán no entiende correctamente el sentido en que Marx habla de práctica o de praxis histórica: «Los sentidos se han hecho por tanto teóricos en su inmediata praxis»[5]. Marx nos dice aquí que la actividad física del hombre en la naturaleza y en la sociedad forja sus conceptos y teorías, por eso, un trabajo manual o práctico es al mismo tiempo un trabajo teórico. De acuerdo a Marx: al apropiarse de la naturaleza, al actuar a través de la historia como individuos y como sociedad, el hombre real produce al unísono el conocimiento, la conciencia. Y esta conciencia produce a la vez tanto objetos físicos como intelectuales, tanto reales como fantásticos. No es sólo, como dice Marchán, que se crean los órganos activos, dialécticos en relación con los objetos de la naturaleza y con el propio individuo. Como ha ocurrido con otros hombres de gran inteligencia, Marchán no ve la verdad porque antepone los esquemas preconcebidos o doctrinarios de la corriente teórica que abraza a los acontecimientos que mira, a los escritos que lee, a las acciones que discute.

Entremos de lleno ahora al asunto específico de esta Decimosexta parte de nuestro ensayo crítico.

martes, diciembre 09, 2008

Utopía, resistencia y ecología

POR MARIO ROSALDO



El arquitecto Alfonso González Martínez (México, DF, 1946) inicia en 1972 una trayectoria de difusor y defensor de una cultura ecológica, con la cual la sociedad del hombre pueda aprender a respetar y proteger la naturaleza, como antiguamente hacían, por ejemplo, algunas tribus indoamericanas. Desde esos primeros años de los setenta, González Martínez aprende que no puede haber un cambio en el orden urbano, en el mundo de la planeación física, si no hay de por medio un cambio más profundo que lo sustente, que sea el verdadero compromiso de cada uno de nosotros con nuestra propia vida y con las relaciones que esta vida nuestra mantiene con el mundo y el cosmos, aun cuando no seamos conscientes de dichas relaciones suprasensibles. González Martínez ha hecho de la utopía su forma de vida, lo mismo viviendo en copropiedad durante casi treinta años que apoyando acciones autogestionarias, o de resistencia a lo que en un principio llamó la cultura del ecocidio. Ha remado contra la corriente y parece haberse salido con la suya.

viernes, noviembre 28, 2008

El fin de la utopía en la segunda mitad del Siglo XX

POR MARIO ROSALDO



Este breve texto es un comentario que hoy hemos publicado originalmente en el blog La vida es dura... y luego te mueres. Creemos que puede ser de interés para los lectores de Ideas Arquitecturadas, de ahí que lo demos a conocer aquí.


Pues será la tendencia al mesianismo, lo que hace pensar a muchos que una sola persona, o un solo partido, puede hacer tal cambio. Siendo esquemáticos, los resultados de las pasadas elecciones presidenciales de México apostaron en contra del caudillismo y, luego, a favor, del liberalismo. El caso de Obama podría verse de semejante manera, esto es, como la apuesta por un liberalismo más humanizado. Pero nada de esto significa, en ninguno de los dos casos, que el cambio esperado vaya más allá de la superficie, de la forma o la mera apariencia, pues en primer lugar nada garantiza que los procesos iniciados de transformación económica vayan a ser continuos y cada vez más radicales. Lo que la gente espera en realidad es una solución a corto plazo: salir de sus apuros económicos. Lo demás, a ver cuándo podrá ser.

sábado, abril 28, 2007

Proyecto y método en arquitectura (Decimosexta parte)

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN 20 DE OCTUBRE DE 2013



Antes de entrar a estudiar el expresionismo de Hans Poelzig (1869-1936) y Erich Mendelsohn (1887-1953), y el expresionismo arquitectónico en general, a fin de compararlo con el de Bruno Taut, veamos primero el argumento de Jencks, según el cual —palabras más, palabras menos— el utopismo del movimiento expresionista alemán estaba en franca contradicción con los principios anarquistas.

Si buscamos una definición concreta del anarquismo en Jencks no la hallaremos, excepto las referencias a Proudhon, Kropotkin, Tolstoi y Stirner —ni siquiera menciona a Bakunin, ni a Rocker, mucho menos a Landauer— o las referencias al Mayo francés, al tratar su última de las «seis tradiciones», y la apuesta de los Cohen-Bendit por una organización espontánea; o, ya al final del libro, los ejemplos del espontaneísmo revolucionario que toma de Hannah Arendt. Por tanto, si decimos que para Jencks el anarquismo es una suerte de activismo político espontáneamente revolucionario, que no se basa en una sola teoría, y que incluye el humorismo, no estaremos muy alejados de su percepción. ¿Pero es éste el concepto que los anarquistas alemanes tenían? ¿Era exclusivamente activista el anarquismo alemán? ¿Elige Taut una vía apolítica alejada del anarquismo? Veamos, pues, si podemos responder a estas interrogantes.

Gracias al libro Anarquismo y organización[1] de Rudolf Rocker (1873-1958) podemos tener una idea bastante clara de quiénes fueron las fuentes del anarquismo alemán. Asimismo, podemos hacernos una idea bastante clara de las condiciones en que se formó. Rocker estima que es en la Suiza francesa donde los obreros alemanes entran en contacto por primera vez con las ideas anarquistas. Los líderes alemanes habían buscado refugio ahí huyendo de la represión imperial en contra del movimiento socialista. Así, en 1876 aparece en Berna el primer diario anarquista en alemán. Rocker asegura que la tendencia anarquista se radicaliza justo después de la promulgación de la ley contra los socialistas, esto es, en 1878 cuando se declara ilegal todo el movimiento socialista alemán.

martes, marzo 27, 2007

Proyecto y método en arquitectura (Decimoquinta parte)

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN 20 DE OCTUBRE DE 2013





5

A continuación analizaremos algunos textos de Taut para identificar dichos ideales y estar en posición de comprender su utopismo.

Los libros en los que Bruno Taut da forma a sus ideales sociales y, por tanto, en los que enfrenta el tema de la utopía son principalmente Arquitectura alpina [Alpine Architekture], La disolución de las ciudades [Die Auflösung der Städte] y La corona de la ciudad [Die Stadtkrone], el primero y el último de 1919, y el segundo de 1920, pero cuyos bocetos Taut concibe durante el verano de 1918, según afirma él mismo en una nota final. Ni la idea de lugares para contemplación o de viviendas y casas comunales, construidas en los valles o en lo alto de las cumbres, ni la de una nueva ciudad en torno de una corona, que armoniza al conjunto, se entienden en Taut sin el pensamiento social y plural que anima los tres esbozos que cada uno de las obras presenta. Ahora bien, aunque el texto de Taut que mayor alusión hace a esta pluralidad de su concepción del pensamiento social es La disolución de las ciudades pues, además de una treintena de dibujos, incluye extractos —algunos muy extensos— de escritos de diversos pensadores que analizan o proponen una necesaria transformación de la sociedad, o sólo de la mentalidad con la que se abordan los problemas sociales, sin importar que algunos de ellos defiendan en el fondo puntos de vista totalmente contradictorios, en realidad es en La corona de la ciudad donde Taut expone mejor la síntesis de su enfoque. Es verdad que Taut ya tiene bastante claras estas ideas en su Un programa de arquitectura [Ein Architektur-Programm] de 1918, pero para sus lectores, estas ideas sólo adquieren cabal sentido hasta cuando las estudiamos en su posterior desarrollo en los tres trabajos arriba mencionados. Dada la visión pluralista que caracteriza a Taut y que parece compartir, como veremos más adelante, con otros integrantes del movimiento plástico de la época, no debemos simplemente suponer que cada concepción es una evolución lineal y ascendente de la anterior. Más bien Taut nos ofrece cuatro diferentes soluciones a un mismo problema. El común denominador es ese pensamiento social y plural, que lo mismo lo acerca a sus coetáneos, que lo aleja. Este pensamiento no se funda solamente en el anarquismo y el socialismo, ni tampoco únicamente en el movimiento de la ciudad jardín y el urbanismo. También se funda en la tendencia romántica y metafísica a recuperar la parte espiritual de los seres humanos, extraviada ante el avance de la industrialización y el materialismo, y en la idea tanto liberal como revolucionaria del espontaneísmo. Ciertamente, Taut adopta una postura cercana al eclecticismo, pero no es la suya una actitud simplemente oportunista, o meramente pragmática: él se independiza sustancialmente de las diversas fuentes en las que se inspira, al punto de conseguir bosquejar un enfoque bastante original. Puede decirse, por lo menos, que en Taut el pensamiento social adquiere su propia personalidad.