domingo, diciembre 25, 2011

Un libro de Günter Weimer

POR MARIO ROSALDO 


Escribiremos hoy un breve mensaje para informarles que ya tenemos en nuestras manos el libro de Günter Weimer que nos servirá para cotejar nuestro estudio del ensayo «A Arquitetura Rural da Imigração Alemã»[1]. Se trata de la segunda edición —«revisada y ampliada»— de Arquitetura da Imigração Alemã[2], cuyo título ha cambiado en 2005 a Arquitetura Popular da Imigração Alemã[3].

viernes, noviembre 25, 2011

El pensamiento mesoamericano y la actitud crítica

POR MARIO ROSALDO



Para celebrar el sexto aniversario del blog publicaremos algunas de nuestras notas del mes de febrero del 2005, en las que abordamos algunos aspectos del problema que presenta el estudio de la actitud crítica en la vida de los pueblos mesoamericanos. Tal vez la expresión misma de «actitud crítica» introduce ya una deformación en tal estudio, como parece ocurrir con otros conceptos estrechamente ligados al punto de vista europeo, pero desconocemos cuál es o cuáles serían los términos nahuas más cercanos a dicha expresión y si, además, corresponden efectivamente a un pensamiento como el que suponemos.

sábado, noviembre 19, 2011

La ciudad en la historia de Lewis Mumford (Cuarta parte)*

POR MARIO ROSALDO


ESTUDIO DEL PRIMER CAPÍTULO

En el cuarto apartado, «Domestication and the Village», Mumford deja el Paleolítico para estudiar el Mesolítico. De entrada establece la diferencia, que a él le parece fundamental, entre el hombre de uno y otro período prehistórico: a) la libertad que el primero gozaba en su vida errante, la cual sólo le llevaba a un santuario por motivos espirituales o psicológicos, y b) la habitación fija del segundo, con la carga de posesiones y trabajos que ello implicaba. Esto deriva inmediatamente en un esquema, que coincide en términos generales con la hipótesis de trabajo de Mumford acerca del hombre histórico y el hombre post-histórico: si el primero era un hombre libre, que vivía el día a día, en un mundo espiritual o subconsciente, el segundo —el hombre mesolítico— en cambio, era un hombre atrapado por las necesidades colectivas, a las cuales tenía que darle urgente y permanente solución; un hombre que vivía en un mundo cada vez más material, y que se hacía más consciente de sí mismo.

viernes, octubre 21, 2011

Jesús T. Acevedo: Apariencias arquitectónicas (Séptima parte)

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN 25 DE JULIO DE 2013



Para matizar su idea de que la catedral y «el pintoresco corrillo de habitaciones privadas» forman un conjunto natural, Acevedo hace hincapié en que ese «campo de violetas» tiene sus particularidades. Todas estas casas, asegura «son distintas entre sí, pues cada una ha sido construida para un hombre que no se parece a los demás sino en que todas sus energías militantes están puestas al servicio del monumento religioso que ha de dar nombre a la ciudad»[1]. Es decir, al mismo tiempo que percibe esta relación intrínseca y armónica, orgánica, entre la catedral y las habitaciones privadas, reconoce la importancia de cada uno de los componentes. Así, esa parte complementaria del monumento, las casas que lo rodean, sólo puede ser uniforme a primera vista, puesto que en realidad las casas responden a necesidades específicas, a la esencia individual que distingue a los hombres por sus anhelos. En efecto, por un lado, Acevedo se refiere al individualismo del hombre del Medievo, quien a pesar de trabajar en corporaciones o gremios, conservaba su personalidad intacta precisamente por estar sometido, no a un fin material y mezquino, sino a un ideal puramente espiritual y desinteresado; y, por el otro, a la invariable supeditación del individualismo medieval al fin superior, el de la colectividad y la vida religiosa.

viernes, septiembre 30, 2011

Arquitectura, cultura y lucha de clases en Brasil (Cuarta parte)

POR MARIO ROSALDO



1

LA ARQUITECTURA RURAL DE LA INMIGRACIÓN ALEMANA (continuación)

El primer apartado, «Esbozo de la evolución arquitectónica rural alemana», esta dividido en dos secciones. En la primera de ellas, la menor, Weimer presenta una visión muy general de la prehistoria y la historia de las construcciones rurales centroeuropeas; en la segunda, se detiene a describir con bastante detalle el desarrollo y las características de la vivienda medieval germana, representada principalmente por el sistema bajo-sajón. Por encima de cualquier interés esteticista, que pudiera distraerlo de su tarea de investigador científico, Weimer se enfoca por completo en el aspecto técnico de esta «evolución arquitectónica»; así, cualquier discusión en torno del concepto idealista —y hasta materialista— de la arquitectura en cuanto arte, en cuanto espacio estético, queda pospuesta o cancelada[1]. En la primera sección, entonces, nos hace saber que desde «la más remota antigüedad existieron construcciones de madera en la Europa Central». Y asegura que incluso «restos originarios de la prehistoria» presentan características similares a los de aquella antigüedad temprana, como las «plantas redondas u ovales, con soportes apoyados en suelo y paredes de barro». Ya en los mismos inicios de la historia «las plantas se volvieron rectangulares y la técnica constructiva sufrió un considerable progreso cuando se consiguió resolver el problema del pudrimiento de la madera en contacto con el suelo». No obstante este progreso, se presentaron nuevos problemas como el de la pérdida de rigidez en la estructura. «La solución que se encontró, dice Weimer, fue la colocación de piezas inclinadas y encajadas en los tramos». Esta disposición a resolver los problemas constructivos que se iban presentando permitió que la técnica de la carpintería experimentara desde ese momento un tal desarrollo que de la influencia arquitectónica romana, sostiene Weimer, sólo se tomó la piedra, y no el cemento[2]. Estas evidencias arqueológicas son, desde luego, la base empírica que le hace pensar que entre la prehistoria y la historia de dicha región europea hay una misma línea evolutiva por lo menos en lo que toca a las construcciones rurales y los motivos de sus orígenes; de ahí que Weimer también piense que se trata de la convergencia en un mismo espacio geográfico de distintos desarrollos humanos los cuales terminaron por constituirse en un gran conjunto cultural múltiple y descentralizador.

miércoles, agosto 10, 2011

La ciudad en la historia de Lewis Mumford (Tercera parte)*

POR MARIO ROSALDO



ESTUDIO DEL PRIMER CAPÍTULO

Mumford destaca la importancia del arte como magnificador, dice, de los sentimientos, la reverencia, el orgullo y el gozo, Pero Mumford sólo ve el arte como accesorio, como adorno. Esto es, lo ve desde una perspectiva moderna, pero equivocada. De las representaciones de las cavernas, dice: «Para quien pueda dudar que en el mero esfuerzo de asegurar una provisión más abundante de alimento animal ―si ese era en efecto el propósito mágico de la pintura y el rito― la ejecución del arte mismo agregaba algo tan esencial a la vida del hombre primitivo como la gratificación carnal de la caza»[1].

jueves, julio 28, 2011

La ciudad en la historia de Lewis Mumford (Segunda parte)*

POR MARIO ROSALDO



ESTUDIO DEL PRIMER CAPÍTULO

El siguiente apartado de Mumford, «Cemeteries and Shrines», no es menos interesante. Su visión nos plantea que antes que surgiera una ciudad como tal surgieron los cementerios, surgió la ciudad de los muertos. Además, las tumbas de los ancestros revelarían una preocupación por lo espiritual y lo subconsciente:

jueves, junio 30, 2011

La ciudad en la historia de Lewis Mumford (Primera parte)*

POR MARIO ROSALDO



ESTUDIO DEL PRIMER CAPÍTULO[1]

La lectura del Prefacio nos da la impresión de que, al hablar de «formas y funciones» Mumford tiene muy presente los temas del movimiento moderno, si bien se debe aceptar que estas ideas también tienen relación con la biología, y desde luego con algunos enfoques sociológicos y antropológicos. Respecto a su propio enfoque nos aclara que es sobre todo empírico: «...mi método exige experiencia personal y observación, algo que los libros no pueden remplazar...»[2]. Sin embargo, la especulación no está ausente en Mumford como puede apreciarse al inicio del primer capítulo, en el apartado «The City in History». Sus ideas siguen ahí la línea de pensamiento que recordamos de El mito de la máquina: no sólo ha habido una sobrevaloración de la máquina, sino que también hemos creado un entorno, una megamáquina, frente a la cual es urgente tomar decisiones inteligentes a favor de la humanidad. Es decir, o desarrollamos lo más humano de nosotros mismos o nos rendimos a la deshumanización, nos volvemos máquinas nosotros mismos. Para Mumford, el hombre histórico es el que transforma el medio en favor de la vida, es el hombre creativo, pleno de sentimientos y conciencia; y el hombre post-histórico es el deshumanizado, el que ha dejado de crear y sentir, de vivir como hombre, y que se ha vuelto una máquina[3].

sábado, mayo 28, 2011

Arquitectura, cultura y lucha de clases en Brasil (Tercera parte)

POR MARIO ROSALDO



1

LA ARQUITECTURA RURAL DE LA INMIGRACIÓN ALEMANA (continuación)

Del estudio de las casas campesinas germanas Weimer pasa en seguida, no a la descripción de todos los centros de la emigración germana hacia Rio Grande do Sul, sino a su simplificación en tres de ellos según un criterio del cual Weimer no nos dice nada, y que por tanto hemos de suponer lógico y basado en una especie de escala universal tal que haría innecesaria toda explicación textual al respecto. Por si esta simplificación no fuera suficiente la descripción se vuelve en seguida una tipología de tres tipos y una variante, que —se entiende— Weimer toma de la propia historiografía alemana, la que sería su aval. De estos centros, nos dice nuestro autor, el «más importante es el Hunsrück, donde se institucionalizó la Hausendorf o Punkdorf (aldea-monte o punto) que se caracterizaba por el crecimiento irregular del núcleo». En cambio, en la Vestfalia « ... se desarrolló la Strassendorf (aldea-calle) en la que las casas se construían a lo largo de una carretera». Pero ésta tiene dos variantes, aclara Weimer: una en la misma Vestfalia, «la Angerdorf (aldea-espacio público) en la cual la calle se transformó en una plaza alargada, donde originalmente se dejaba que el ganado pernoctara»; y otra en la Pomerania, «la Rundling (redondeada) que se caracteriza por tener una plaza circular alrededor de la cual se construyen las casas. Se diferencia del tipo anterior por no 'dar paso' a la circulación: tiene un sólo acceso que es entrada y salida de la aldea»[1].

lunes, abril 25, 2011

Arquitectura, cultura y lucha de clases en Brasil (Segunda parte)

POR MARIO ROSALDO



1

LA ARQUITECTURA RURAL DE LA INMIGRACIÓN ALEMANA (continuación)

Después del párrafo inicial que hemos citado en nuestro primer artículo de esta serie, Weimer plantea la siguiente hipótesis: «Tal vez el aspecto más importante fuera la concepción de Estado»[1]. Y, sin someterla a ninguna crítica, sin abordar el debate teórico y político al que remite necesariamente su declaración, se apoyará arbitraria y completamente en ella para establecer las diferencias —y las consecuencias de las mismas— que se presentan entre una concepción centralizada del Estado y otra más bien diversificada; una representada por Brasil-Portugal y la otra por la Alemania anterior a su industralización y unificación de los siglos XVIII y XIX (él prefiere llamarla «Europa Central»). En su opinión, pues, donde dominaba la concepción centralizada del Estado (en Brasil y Portugal), las nociones de nación, cultura e idioma eran grandes aspiraciones «perfectamente identificables y sobrepuestas»[2], mientras que en los territorios germanos esta «unidad lengua-cultura-nación» se rompía «y cada categoría» pasaba «a tener su propia dimensión»[3]. Prueba de que esto es verdad, dice Weimer, es que el concepto de nación sólo se iba a afirmar en Alemania cuando Brasil ya estaba «en vísperas de formar una república». Además, argumenta: «Hasta hoy existen pueblos de lengua alemana que jamás pertenecerán a Alemania así como existen pueblos de cultura germana que no hablan el alemán»[4].

miércoles, marzo 30, 2011

Jesús T. Acevedo: Apariencias arquitectónicas (Sexta parte)

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN 25 DE JULIO DE 2013



Por eso, cuando Acevedo señala que es a Francia a quien ha cabido «el honor de haber iniciado, protegido y al fin visto esplender este arte, que no toma nada de Egipto, ni de Grecia, ni de Roma, como que tiene en sí mismo todos los elementos necesarios para triunfar»[1], no solamente está resaltando el valor del arte gótico como nuevo tipo, como nuevo principio artístico-constructivo, sino que además está aclarando que tal arte trasciende las fronteras francesas, pues su fundamento es universal. Al mismo tiempo enfatiza que el nuevo centro de desarrollo del espíritu humano no se encuentra más en los sitios de la Antigüedad. Y para que no haya ninguna duda de la relación de este centro con el norte de Europa, nos da su ubicación exacta: es la gran región que abarca la isla de Francia, Picardía, Champagne, Borgoña y Normandía. Acevedo asegura que es aquí donde «las corporaciones masónicas... que se dedican al estudio de las bellas artes, encienden las siete lámparas de la cultura, bajo cuya luz dorada los pueblos vuelven a la acción, a la divina acción, savia fecundante de toda hazaña digna de holocaustos»[2]. Esa acción no es otra que la del trabajo comunitario, la de la construcción de las catedrales, que expresan la unidad y la creatividad del renovado espíritu en manos de las corporaciones de artesanos[3].

domingo, febrero 27, 2011

Arquitectura, cultura y lucha de clases en Brasil (Primera parte)

POR MARIO ROSALDO


INTRODUCCIÓN

A mediados de los ochenta llegó a nuestras manos un libro de arquitectura que nos impresionó lo mismo por la amplitud de temas históricos que abordaba que por su innegable valor teórico-crítico. El libro había sido organizado por el arquitecto sulriograndense Günter Weimer (n. 1939) y había aparecido apenas unos años antes —en 1983— con el título de A arquitetura no Rio Grande do Sul[1], bajo la autoría de diversos especialistas. Según nos cuenta Weimer en la Presentación, al principio se había pensado en escribir una historia concisa de la arquitectura gaucha o sulriograndense, pero ante la falta de un número deseable de arquitectos, que estuvieran interesados en la investigación científica —y además incipiente— del proyecto, y ante el hecho insoslayable de que muchos aspectos de dicha arquitectura aún no habían sido estudiados, se tuvo que optar por un trabajo multidisciplinar que sería publicado en ocho cortos ensayos independientes, como ocurrió al final[2].

domingo, enero 30, 2011

Jesús T. Acevedo: Apariencias arquitectónicas (Quinta parte)

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN 25 DE JULIO DE 2013



Una vez que Acevedo hace este rápido planteamiento acerca de Roma, que resulta ser más bien la breve explicación del por qué no se detiene en ella, comienza a hablar de la siguiente edad del arte. Esta vez inicia declarando sin restricción alguna la admiración y el respeto que siente por la obra arquitectónica de la Alta Edad Media. Le parece que es «un tipo de arquitectura que por más de un motivo es digno de nuestra profunda veneración»[1]. Y con «tipo» quiere decir justamente eso, un nuevo género o una nueva especie de arquitectura. No dice un «estilo arquitectónico», pues para él eso sería hablar de una variante más dentro de la tradición grecorromana, como habría sido el caso del románico o del carolingio, a los que al parecer por esta razón ni siquiera menciona. Acevedo elige con clara intención el concepto de «tipo», pues de hecho con él se refiere a una arquitectura completamente independiente, que por su extraordinaria originalidad y por su auténtica espiritualidad sólo podría equipararse a las más grandes de la historia, a saber, a la egipcia y la griega; una arquitectura que no habría surgido de la decadencia romana, ni de las imitaciones del desaparecido Imperio, sino de un nuevo principio, de una verdadera y completa liberación emocional e intelectual del pueblo. Esto es, concibe la aparición de este tipo arquitectónico como el resultado de una transformación interior de los artistas, que con su trabajo solidario consiguen darle forma plástica a largos siglos de sufrimientos, los cuales habrían acumulado la neurosis medieval, de la que harían mención algunos libros de medicina del siglo XIX[2].