sábado, mayo 28, 2011

Arquitectura, cultura y lucha de clases en Brasil (Tercera parte)

POR MARIO ROSALDO



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LA ARQUITECTURA RURAL DE LA INMIGRACIÓN ALEMANA (continuación)

Del estudio de las casas campesinas germanas Weimer pasa en seguida, no a la descripción de todos los centros de la emigración germana hacia Rio Grande do Sul, sino a su simplificación en tres de ellos según un criterio del cual Weimer no nos dice nada, y que por tanto hemos de suponer lógico y basado en una especie de escala universal tal que haría innecesaria toda explicación textual al respecto. Por si esta simplificación no fuera suficiente la descripción se vuelve en seguida una tipología de tres tipos y una variante, que —se entiende— Weimer toma de la propia historiografía alemana, la que sería su aval. De estos centros, nos dice nuestro autor, el «más importante es el Hunsrück, donde se institucionalizó la Hausendorf o Punkdorf (aldea-monte o punto) que se caracterizaba por el crecimiento irregular del núcleo». En cambio, en la Vestfalia « ... se desarrolló la Strassendorf (aldea-calle) en la que las casas se construían a lo largo de una carretera». Pero ésta tiene dos variantes, aclara Weimer: una en la misma Vestfalia, «la Angerdorf (aldea-espacio público) en la cual la calle se transformó en una plaza alargada, donde originalmente se dejaba que el ganado pernoctara»; y otra en la Pomerania, «la Rundling (redondeada) que se caracteriza por tener una plaza circular al rededor de la cual se construyen las casas. Se diferencia del tipo anterior por no 'dar paso' a la circulación: tiene un sólo acceso que es entrada y salida de la aldea»[1].

La relativa independencia de los cuatro últimos párrafos del preámbulo nos hace pensar que Weimer ha terminado de bosquejar la tipología y se apresta ya a introducir su propio planteamiento. La descripción ahora pone énfasis en las difíciles condiciones de vida que los campesinos germanos enfrentaban en los años anteriores a la emigración. Pero también nos muestra al final cómo pudieron resistir todavía un poco más, sin perder su cultura, y sin ceder completamente a las presiones de la centralización económica y política que se imponía poco a poco en la Europa Central. Lucha cultural que se manifestaría en el presente con la supervivencia en las ciudades alemanas contemporáneas de ese aspecto de «colonia de células» que menciona. La primera parte del planteamiento de Weimer es aún descriptiva, pero la segunda es explicativa: El núcleo de los distintos tipos de aldeas se halla en el centro «de las tierras cultivadas cuya área varía de 300 a 500 ha»[2]. La propiedad de las tierras era por lo general comunal con sección de dominio, «estaban divididas en fajas cultivadas, largas y estrechas». La escasez de la tierra en Vestfalia mantuvo la propiedad en unas 10 ha, «en Hunsbruck 4/5 de los agricultores tenían menos de 5 ha (donde el 15% tenía menos de 0,5 ha)». Y, por último, en «la Pomerania todavía estaba en vigor el sistema feudal, donde el agricultor no tenía posesión de la tierra»[3].

Estas condiciones eran tan graves, comenta Weimer, que hacían imposible que la unidad familiar pudiera sobrevivir únicamente con la explotación de la tierra. «Por eso se fue agregando un trabajo complementario con un vigoroso desarrollo del artesanado». A Weimer le parece que este surgimiento del artesanado subraya doblemente la importancia de la existencia de los bosques en las periferias de las aldeas, pues no sólo proporcionaban madera al artesano sino, también, combustible para calentar a hombres y animales durante el largo invierno con temperaturas hasta de 40° C bajo cero[4]. Ya que la tesis de Weimer consiste en defender la cultura no centralizada como una expresión acaso más natural de la convivencia humana, o por lo menos del campesino de la Europa Central, hemos de entender con su explicación que fue esta lucha cultural la que la emigración trasplantaría al Brasil. Bajo esas difíciles condiciones de vida, el campesino germano habría encontrado una solución adaptándose a sus propias circunstancias y, sobre todo, a su propia cultura. Una solución que, sin embargo, no impedirá que tenga que emigrar en busca de mayores oportunidades de vida a un país entonces no industrializado, y con una centralización aparentemente menos agresiva.



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NOTAS:


[1] Weimer, Günter; «A Arquitetura Rural da Imigração Alemã»; en A Arquitetura no Rio Grande do Sul; Editora Mercado Aberto; Porto Alegre, 1983; p. 99. La traducción de todas las citas es nuestra.

[2] Ibíd.; p. 99.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

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