martes, abril 30, 2013

Diseño, Sociedad y Marxismo de Rafael López Rangel

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN: 12 DE MAYO DE 2014



El pasado 9 de abril (2013) dimos por terminado nuestro estudio del libro de Rafael López Rangel, Diseño, Sociedad y Marxismo[1]. El primer punto que hemos abordado discutiendo las ideas de López Rangel, ha sido la aceptación o el rechazo de la existencia de un lazo dialéctico entre la ideología y la base económica conforme al modelo de la teoría Marx-Engels; es decir, si tal modelo debe considerarse como una «totalidad», como una «estructura social», o propiamente sólo parte de él, la de la base económica. López Rangel se pronuncia por la primera tesis, nosotros por la segunda. Para respaldar su posición, López Rangel ha hecho una interpretación sesgada de las tres cartas de Friedrich Engels, donde éste intenta explicar —a tres diferentes destinatarios— el concepto de ideología y su relación con el movimiento económico. López Rangel llega a esta interpretación a través del movimiento crítico y renovador del marxismo, el cual, en sus referencias bibliográficas, está representado en especial por Sergio Bagú, Arnaldo Córdova y Adolfo Sánchez Vázquez, quienes desde luego ven una relación recíproca o dialéctica entre la ideología y la base económica. El problema que suscita esta interpretación sesgada de López Rangel y por lo menos dos de sus referencias es que deja sin explicación la determinación económica que —en sus tres cartas— Engels impone a la ideología. En ellas dice Engels, en efecto, que hay una dialéctica entre los factores económicos y los factores ideológicos, pero sus ejemplos señalan que la dialéctica no se da entre la ideología, entendida como forma abstracta y aparentemente autosuficiente, y el movimiento económico, sino siempre entre factores que tienen una base real, que están invariablemente determinados por el movimiento económico. De estos ejemplos de Engels se deduce ciertamente que lo que llega a influir en el desarrollo económico no son esas formas abstractas que adquiere la lucha de clases en el pensamiento dominante, en el pensamiento burgués y capitalista, en sus instituciones y en sus leyes, sino la lucha de clases misma, que existe en la medida que es producto de las acciones concretas de los hombres, quienes lo mismo responden a sus necesidades vitales que a sus ilusiones. López Rangel se apoya, más que en las cartas de Engels, en la interpretación sesgada que hace de ellas, y toma esta versión suya como la clave para entender el modelo de la teoría Marx-Engels y la teoría en sí. Pero Engels mismo recomienda estudiar el asunto de la ideología a partir de las «fuentes originales», esto es, a partir de los escritos de Marx y del propio Engels, no a partir de estas tres cartas, ni a partir de las modificaciones que se les hace a las fuentes en el siglo XX. Y de estas fuentes originales (la teoría Marx-Engels) se desprende que la dialéctica de la historia es el movimiento económico, la producción de medios de vida, y las luchas que por estos medios y su producción han experimentado los hombres; que la dominación de clase impuso una representación invertida de la realidad social; que concebir el mundo de cabeza es ilusorio, que poner de pie su concepción es realista; que la primera concepción nos lleva a Hegel, que la segunda a Marx y Engels.

En estas mismas cartas de Engels se comprende también que la expresión retórica «en última instancia», no es más que otra forma de decir «en general» o «al final» y, en algunos pasajes de las cartas, «siempre». En todo caso, la idea fundamental de estas tres cartas es que toda acción real o toda acción política tiene lugar invariablemente dentro del movimiento económico, nunca fuera de él. Engels nunca habla de la ideología como un movimiento dentro del cual tiene lugar lo económico. Este tipo de dialéctica no existe ni en las cartas de Engels ni en la teoría Marx-Engels misma. En las cartas, Engels habla de una influencia, de un efecto ideológico, que puede incluso transformar el desarrollo económico, no por ser independiente de este mismo desarrollo, sino, como señala la teoría original, por estar determinado por él, por tener una base real en los individuos que actúan y producen ideas con sus actos. A López Rangel le basta saber que existe este efecto para imaginar que el arte, la arquitectura o el diseño, en cuanto ideología o cultura, pueden también influir en la economía de un país, de una sociedad, y transformarlos en algo distinto, en sus formas progresistas. Pasa por alto las palabras aclaratorias de Engels, en la carta a Josef Bloch, acerca de que el modelo dialéctico de la base económica y la superestructura sólo se aplica en el estudio de una determinada época de la historia, pero no cuando se trata de transformar radicalmente la sociedad capitalista; entonces, la propuesta consiste en atacar el problema por la raíz, en su base económica, no en su forma aparente o ideológica. López Rangel también tergiversa la idea que Engels da, en la carta a Konrad Schmidt, de la «independencia relativa» de los procesos financieros respecto al proceso de producción general. Mientras Engels subraya el carácter relativo de la independencia de los procesos particulares, porque a fin de cuentas la determinación que se impone es la económica o general, López Rangel subraya la aparición de esta independencia —por relativa o breve que sea— porque cree que es una concesión a la dialéctica abstracta de los dos opuestos independientes, que es la base del codeterminismo, y supone en consecuencia que el arte, la arquitectura y el diseño, como formas de la ideología, «flotan aun más alto en el aire», como dice irónicamente Engels refiriéndose a la religión, la filosofía y a «esferas ideológicas» semejantes. En Engels, la «independencia relativa» está relacionada con la división del trabajo en cuanto expresión de la lucha de clases, de la organización de la sociedad capitalista, no con la creencia en la autonomía de las «esferas ideológicas». La ilusión de esta autonomía, dice Engels, nace del hecho de que históricamente se ha producido un antecedente del pensamiento religioso, filosófico y artístico, al cual se tiene acceso a través de los libros y otros medios de preservación de las ideas. Refiriéndose al desarrollo de la filosofía en Alemania, Engels escribe a Schmidt: «... como campo circunscrito de la división del trabajo, la filosofía de cada época tiene como premisa un determinado material de ideas que le legan sus predecesores y del que arranca. Así se explica que países económicamente atrasados puedan, sin embargo, llevar la batuta en materia de filosofía...». Empeñado en que las palabras de Engels autoricen su variedad codeterminista del modelo, López Rangel busca apoyo en Sergio Bagú, quien, influido por las aportaciones previas de Lenin y Gramsci, deduce de las cartas y de la interpretación particular que hace de la teoría Marx-Engels el esquema que Alfredo Tecla Jiménez llamará «el modelo engelsiano»[2], el cual parecerá a López Rangel mucho más dinámico o dialéctico que el del propio Marx, pues con Bagú se rompe la disyuntiva de la base económica y la ideología, y se cumple la presunta tarea de restituir al modelo de Marx la dialéctica extraviada.

El segundo punto se refiere más bien a la evolución del pensamiento de López Rangel, en el lapso de 1977 a 1981, e incluso de 1975 a 1989, y ha sido la duda de si habíamos tenido razón o no al asegurar que, a fines de los setenta, López Rangel ubicaba todavía la arquitectura en el campo de la economía, mientras que, en los ochenta, la ubicaba ya en al campo de la cultura. Veamos rápidamente este lapso comentando tres libros suyos que, a nuestro parecer, cubren muy bien esta evolución. En Contribución a la visión crítica de la arquitectura[3], 1977, López Rangel se refería a la arquitectura como una «mercancía» únicamente para destacar la pérdida de su naturaleza artística en la sociedad capitalista, no para sustentar la tesis de que como mercancía debía ser estudiada por el determinismo economicista. También apuntaba ya la necesidad de una concepción monista de la historia de la arquitectura y de su enseñanza. Aun así, López Rangel no dejaba de reconocer ahí mismo que lo económico determinaba la arquitectura tanto por ser un medio de producción como por ser concepción del mundo y de la vida. Uno de sus temas fundamentales era la defensa del marxismo crítico y renovador, pues proponía estudiar con él «la totalidad social» y la arquitectura como parte articulada de esta «totalidad». Pero, al enfocar un sinnúmero de problemas teóricos, el discurso de López Rangel perdía claridad y consistencia. El propio López Rangel sentía que adolecía de teoricismo, de ahí que —para contrarrestar esta tendencia— no dejara de hacer hincapié en los temas económicos y prácticos. Este antiteoricismo o practicismo lo hemos compartido todos, así que no es extraño que en esos días un lector inexperto percibiera más el enfoque económico que el ideológico, o que captara más los aspectos «prácticos» que los «teóricos». El énfasis general del libro mismo favorecía esta percepción unívoca, economicista. En Diseño, Sociedad y Marxismo, 1981, López Rangel todavía está resolviendo varios problemas teóricos, específicamente metodológicos, pero al mismo tiempo le interesa llevar a cabo lo que ya había planteado en los años sesenta y setenta, a saber, dejar el teoricismo atrás y entrar al análisis empírico de la realidad social latinoamericana utilizando para ello las teorías económicas de la dependencia y del subdesarrollo[4]. Acaso por eso, aunque señala que para él lo ideológico y lo económico se dan en una relación total y simultánea, en un modelo dialéctico de la «estructura social», al final del libro el énfasis está puesto otra vez en la determinación general, en lo económico. Además del tema central del modelo dialéctico, se destaca el tratamiento que López Rangel da al estructuralismo, del cual todavía recela y al cual pone condiciones para aceptar sus enfoques lingüísticos y semióticos. Tanto su exigencia de un rigor en la investigación como su interés por los objetos en cuanto conceptos lo aproximan a la epistemología, a la que a veces también llama gnoseología. En nuestra opinión, el error principal de López Rangel en este libro es confundir la teoría Marx-Engels con las versiones que se han hecho de ella, y en el caso de las citas de Engels, o de las de Néstor García Canclini[5], la interpretación de López Rangel más que equívoca es sesgada porque en vez de exponer el sentido original, les da la forma del sentido por él deseado. Por último, en Las ciudades latinoamericanas[6], 1989, el recelo de López Rangel respecto a los enfoques semióticos y lingüísticos ha quedado atrás. En su opinión ya éstos han superado la etapa errática y se han enriquecido con las aportaciones del materialismo histórico. Lo que da paso en López Rangel a una plena confianza por lo menos en el «estructuralismo genético» y la propuesta epistemológica empírico-racional, que son parte fundamental del marco teórico desde el cual emprende lo que serían las nuevas tareas de la crítica social. De acuerdo a López Rangel, el problema de la arquitectura y la ciudad, aunque sigue siendo económico y político, se ha de abordar ahora desde el campo de la cultura, no sólo material —reducción que supuestamente nos llevaría otra vez al economicismo—, sino también desde la cultura en cuanto pensamiento, lenguaje y, en suma, conocimiento. Apoyado en esta nueva forma del empírico-racionalismo, López Rangel aboga por un concepto amplio de cultura que incluiría la crítica al lenguaje de las ciencias y del investigador o del científico. Pues, piensa él, para solucionar los problemas de la arquitectura y la ciudad, primero han de plantearse dichos problemas con absoluta claridad, y es condición necesaria para ello que el investigador sea consciente del lenguaje que emplea y de los alcances y de las determinaciones del mismo.

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NOTAS:

[1] López Rangel, Rafael; op. cit.; Editorial Concepto; México, 1981. Las etapas previas de nuestro estudio de Diseño, Sociedad y Marxismo se encuentran en: Los efectos de la filosofía en la crítica arquitectónica; Las determinaciones temporales del pensamiento (I/II); Las determinaciones temporales del pensamiento (II/II); y Crítica científica e investigación literaria.

[2] Bagú, Sergio; Marx y Engels: diez conceptos fundamentales. López Rangel cita la edición de Nueva Visión, de 1972. Tecla Jiménez cita la 2a. edición de Nuestro Tiempo, de 1975. No habiendo podido leer directamente el libro de Bagú, nos hemos apoyado en las citas que da Tecla Jiménez en su libro Universidad, burguesía y proletariado; Ediciones de Cultura Popular; Colección Educación; México, 1978; p. 28 y ss. NOTA BENE: Ya hemos consultado el mencionado libro de Bagú en la edición de Nuestro Tiempo; Bagú sostiene que su estudio no recurre a otros autores que no sean Marx y Engels; sin embargo, la idea de deducir de los propios textos de la teoría Marx-Engels nuevas definiciones o nuevos esquemas interpretativos no es sólo suya, tiene su origen en Lenin y Gramsci.

[3] López Rangel, Rafael; op. cit.; Departamento de Investigaciones Arquitectónicas y Urbanísticas de la Universidad Autónoma de Puebla; Puebla 1977.

[4] Un antecedente de esta actitud es su trabajo Arquitectura y subdesarrollo en América Latina; véase López Rangel, Rafael; op. cit.; Departamento de Investigaciones Arquitectónicas y Urbanísticas de la Universidad Autónoma de Puebla; Puebla 1975. Otro trabajo del mismo año y con la misma intención es su colaboración con Ramón Vargas Salguero, La crisis actual de la arquitectura latinoamericana, que aparece en América Latina en su arquitectura; véase Segre, Roberto (relator); op. cit.; Siglo XXI Editores y UNESCO; México, 1975 (primera edición).

[5] En el segundo apartado —seis páginas— del capítulo 6 de Diseño, sociedad y marxismo, López Rangel discute las ideas de García Canclini, con quien dice coincidir en la concepción de la ideología o por lo menos en el enfoque totalizante y simultaneista, que concibe la unión monista-dialéctica de la base y la superestructura, y que concibe asimismo la pluralidad de superestructuras o ideologías. Pero esta coincidencia es aparente. Mientras López Rangel dice que la introducción del análisis científico, esto es, el análisis histórico-materialista, es lo que da validez al enfoque semiótico, en el principal libro comentado por López Rangel, La producción simbólica, teoría y método en sociología del arte, García Canclini dice textualmente que es más bien el enfoque semiótico el que resuelve la polémica marxista. Y al explicar esto, difiere completamente del concepto de objeto, que en López Rangel es resultado de la dialéctica, del doble carácter del objeto mismo: medio de producción y concepción del mundo simultáneamente. García Canclini lo expone así: «[En el enfoque semiótico] el problema interno se ve de otro modo al reconocer que contenido y forma actúan soldados porque lo ideológico opera a la vez en lo que las imágenes dicen y en la manera en que se presentan, pero también porque lo ideológico no está contenido en la obra sino que es engendrado en el proceso de semiosis social». Eso en castellano quiere decir que lo ideológico no está en el objeto sino en las representaciones que de él se hacen los individuos durante los procesos de intercambio y comunicación. Para García Canclini, este proceso de semiosis social (pensamiento y lenguaje) se da, no en la ideología, sino en la «infraestructura». Véase García Canclini, Nestor; op. cit.; Siglo XXI Editores; México, 1979; pp. 67 y 87.

[6] López Rangel, Rafael (Compilador); op. cit.; Plaza y Váldez; México, 1989. Además de ser el encargado de reunir los trabajos de los colaboradores, López Rangel es autor de la introducción, los dos apartados sobre los supuestos teóricos, uno sobre la ciudad de México y otro más sobre la ciudad de La Plata.

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