lunes, marzo 30, 2015

Una aproximación al pensamiento del arquitecto Kenzō Tange*

POR MARIO ROSALDO


El hecho de que Kenzō Tange haya ido a Francia y visitara L'Unité en 1951, se puede explicar apelando a dos razones: la primera, le habría inspirado su maestro Kunio Maekawa quien era seguidor de Le Corbusier; y la segunda, la influencia arquitectónica alemana en Japón parecía entonces imposible, en parte porque los principales arquitectos alemanes habían emigrado a los EE. UU., pero también porque la situación en la que se encontraba la Alemania vencida y dividida era tan grave como la del Japón; además, el modelo francés, un tanto neutral por la política independiente de Charles De Gaule, debió perfilarse como la opción más idónea. En 1960, cuando se proclama el manifiesto metabolista, Tange tiene 47 años y es maestro de varios arquitectos influyentes, pero es Kishō Kurokawa quien acaba siendo el líder del movimiento. Se dice que el organicismo está en la base del proclamado metabolismo, pero la explicación biológica delimita dos procesos diferentes. La constitución orgánica no es la misma que la transformación metabólica. La idea del organicismo en arquitectura es crear una forma que no sea accesoria, sino resultante del mismo material, como ocurre en la naturaleza. Las ramas y las hojas del árbol no son un adorno, son parte esencial de su vida vegetal, tienen una función específica y al mismo tiempo son manifestación de su crecimiento y transformación diaria. La idea del metabolismo arquitectónico en cambio alude a la transformación parcial o total que una entidad puede experimentar en su estructura: es la concepción de una arquitectura que puede seguir creciendo, expandiéndose, reproduciéndose, pero más como una máquina que como un ser vivo. El principio orgánico de expresar en la superficie de la materia el espíritu, la fuerza interior o el contenido esencial que la constituye, se convierte en el metabolismo en una derivación o multiplicación mecánica de la materia sólo en cuanto forma.

Jacquet Benoît ha bosquejado una línea de investigación muy pertinente[1]. De acuerdo al estudio de Benoît, la escala monumental de la obra de Kenzō Tange podría comprenderse mejor desde el ángulo de sus fundamentos filosóficos. De ahí que Benoît relacione a Tange con su maestro Maekawa y a éste con el pensador Kitarō Nishida. Benoît —un hombre de ciencia— trata de poner las citas de Tange a contraluz de las citas de Maekawa y las de éste con las de Nishida. Le parece que Maekawa trata de aplicar la problemática planteada por Nishida, a saber, la relación contradictoria entre hombre y naturaleza, entre cultura y naturaleza, y entre objetividad y subjetividad. De tal suerte que el problema de la forma queda resuelto con la interacción entre la tradición y la creación, por un lado, y la concepción de una dialéctica de autotransformación, por el otro. Así, Maekawa comprende que la escala de la intervención de la arquitectura es la del urbanismo, la del propio ambiente; esto es, la de la tradición y la creación generadoras de una forma cambiante, viva, autogeneradora. Benoît, sin embargo, no señala que Nishida busca la síntesis de los pensamientos filosóficos de Oriente y Occidente, ni que por su parte Maekawa aparentemente sólo justifica la acción del urbanismo europeo dentro de lo que podría ser la cultura de las ciudades japonesas. Benoît tampoco contrasta las diferencias entre Maekawa y Nishida, ni entre Maekawa y Tange. En realidad, Benoît nos deja con la idea de que las coincidencias son más importantes que las discrepancias. Pero esta cita de Tange marca una diferencia crucial, pues enfatiza la necesaria participación del espíritu creativo, del arquitecto; cosa que Benoît no ha puesto en relieve como concepto fundamental ni de Maekawa, ni de Nishida.

«La tradición misma no puede instituir una fuerza creativa. Siempre tuvo una tendencia decadente a promover la formalización y la repetición. Lo que se necesita para dirigirla hacia canales creativos es una energía fresca que repudie las formas muertas y prevenga que las vivas se vuelvan estáticas»[2].

En esta cita de Tange no se sostiene a priori esa dialéctica entre tradición y creación en la que, según la interpretación de Benoît, se apoyarían Maekawa y Nishida. No hay de antemano un diálogo entre tradición y creación en el cual sólo bastaría inscribirnos. La tradición se ve claramente confrontada con una fuerza renovadora; la tradición misma no establece esta fuerza, esta energía renovadora: la genera la necesidad. Aunque esta diferenciación implica reconocer que frente a la tradición existen otras fuerzas, Tange pone el énfasis en el carácter necesario de una energía fresca, renovadora. En otras palabras, Tange reconoce que la fuerza creativa misma requiere de una energía nueva capaz de domar la energía de la tradición, capaz de conducirla hacia la creatividad. Si existe esta reacción en cadena, esta serie de colisiones entre la tradición y la creatividad, también existe la tendencia a anquilosarse, a formalizarse y repetirse. Frente a este fenómeno natural o a priori, Tange opone la fuerza necesaria y renovadora que evite que la vida se cosifique. La cita no dice de dónde procede esta energía ni cómo se puede alcanzar; parece que está ahí en alguna parte, en la vida y en la necesidad de cambio. No parece ser un acto de ruptura, de elección, sino más bien de sumisión al orden natural de las cosas. La tradición, para que sea continuamente creativa, para que se convierta en creación, requiere de responder a la vida, a la armonía del hombre con el ambiente. Es una fuerza telúrica, orgánica, que brota necesariamente. Todo lo que hay que hacer es conducirla hacia la creatividad.

Tange dice claramente que lo que hace falta, lo que se necesita, es una energía nueva, fresca, renovada. Pero no dice cómo se consigue ni de dónde proviene. Si hace falta es porque no se tiene, pero si es fresca es porque está latente ahí en algún lado, porque no se ha empleado o porque se puede emplear. Si está en el artista, está en el hombre, está en la naturaleza, o está en esa lucha entre hombre y naturaleza, entre cultura y tradición. Es probable que Tange pensara que esto fuera así. Con todo, el énfasis de Tange no está en la naturalidad o en el a priori de esta lucha, de esta armonía y su contraparte, sino en la participación de las fuerzas creativas en cuanto energía fresca o renovadora. No es, sin embargo, ni un ataque ni un rechazo a la tradición a la manera moderna europea, es la conversión de la poderosa fuerza de la tradición en una fuerza creativa, renovadora. El artista no tiene aquí el papel del revolucionario, no rompe con la tradición dominante, ni la subvierte. Su papel es más bien el de mantener el equilibrio entre lo tradicional y lo creativo. Sólo su accionar puede hacerlo perpetuo, de lo contrario la tradición se vuelve un obstáculo para el crecimiento natural, armónico.

Al decir que Kitarō Nishida elabora una síntesis de Oriente y Occidente, decimos que Tange —aun cuando matiza esta síntesis filosófica—, claramente elabora la arquitectura vernácula japonesa en una arquitectura moderna sin prejuicios formalistas ni funcionalistas, sin siquiera plantearse la necesidad de una tendencia «regionalista crítica». Este enfoque es más bien occidental y es el que ve en la síntesis Oriente-Occidente un «regionalismo crítico», como si la crítica fuera dirigida al Moderno. En Tange, antes que al Moderno, la crítica se dirige a la tradición japonesa anquilosante, al vernaculismo japonés. El tipo de crítica, sin embargo, no se explica por la tradición racionalista kantiana, sea sociológica o psicológica.

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NOTAS:

[1] Benoît, Jacquet; Principles of Monumentality in the Environmental Tradition. Study of Maekawa Kunio and Tange Kenzō's Architectural Discourse; Architectural Institute of Japan; Tokyo, 2006. El libro aparece en 2007 y consta de 1348 páginas. El resumen de la tesis en francés se encuentra en línea: http://cipango.revues.org/447. Benoît se circunscribe al período 1936-1962.

[2] Tange, Kenzō; Tradition and Creation in Japanese Architecture; New Haven: Yale University Press, 1972; p.35. Citado por Xianghua Wu en Concrete Resistance: Ando in the context of critical regionalism; Student Term Paper; Professor Kai K. Gutschow; publicación en línea, 10 de mayo de 2006; p. 10. La primera edición del libro referido por Xianghua Wu es de 1960. La traducción de la cita es nuestra.


*La redacción original del texto es del 19 y el 20 de marzo de 2008, Cuaderno 2008(2).


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