miércoles, noviembre 18, 2009

Jesús T. Acevedo, precursor de una arquitectura nacional

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN: 24 DE NOVIEMBRE DE 2013



Parte de un estudio de esta corriente renovadora de la cultura en México sin duda debe incluir los escritos póstumos de Jesús T. Acevedo[1]. En ellos ronda una idea parecida a la que detallara desde un ángulo no del todo diferente Manfredo Tafuri[2], en su trabajo inicial sobre el tema de la ideología como objetivo de la crítica del historiador; la de que los arquitectos del Renacimiento como Brunelleschi no simplemente reprodujeron las formas greco-latinas, sino que también las reinterpretaron, y en este sentido —dice Tafuri— ellos fueron los primeros antihistoricistas. Así, no casualmente, Tafuri coincide con Antonio Gramsci[3], en la idea de que el lenguaje extranjero debe traducirse al lenguaje nacional.

Acevedo reconoce estar generalizando y estar únicamente señalando una tarea que no pertenece a un solo individuo sino a toda una generación, y a las generaciones sucesivas. De ahí que no se plantee el problema de hallar un arquitecto criollo o mestizo para reconocer en él esas cualidades que atribuye a la idiosincracia nacional. No se le escapan las diferencias entre la España conquistadora y el resto de Europa, de la cual aquélla importa —dice— todos los estilos. De alguna manera reconoce que el rezago de España respecto a Italia propicia que no surja el individualismo renacentista. Pero son dos los cabos que Acevedo sostiene en sus manos, por un lado su exaltación de la impronta indígena, y por el otro la «original pureza» de los órdenes greco-latinos: México y Roma.

Un estudio más detenido de su pensamiento y su época podrá acaso corroborar esta nuestra primera impresión.



FRAGMENTOS DE UNA CONFERENCIA

«… El hecho fue que los indígenas aprendieron los diferentes oficios que hacen posible las artes, y cosa digna de notarse es la siguiente: al traducir con admirable dedicación los trazos extranjeros que les servían de modelo, algo de nativo y remoto se escondía en su obra; un no sé qué de profundo, que sin equivocar dimensiones ni variar las líneas directrices ponía sin embargo un gesto nuevo, un matiz imprevisto, un color especial; era en fin, nuestro México que apuntaba su idiosincrasia»[4].
«… Después de un siglo de incomprensión y de piqueta, el territorio de la República guarda todavía innumerables fábricas nacidas durante el Virreinato. Esto muestra cuán laboriosos fueron nuestros antepasados y también esto otro, que es preciso saber: que construyeron para toda la vida y para sus más remotos descendientes. A nadie es dado tocar, ni por motivos de mejora material, ese legado que pertenece por igual a los grandes y los pequeños, que es del arzobispo y del banquero lo mismo que del mendigo que arrimado a sus viejas piedras bebe el azul del cielo»[5].




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NOTAS:


[1] Acevedo, Jesús T., en Disertaciones de un arquitecto. Fuente: El ensayo mexicano moderno, tomo I; selección, introducción y notas de José Luis Martínez; Fondo de Cultura Económica; México, 1993; La arquitectura colonial de México, p. 157.

[2] Tafuri, Manfredo; Teorías e historia de la arquitectura. Hacia una nueva concepción del espacio arquitectónico; Editorial LAIA; Barcelona, 1977.

[3] Gramsci, Antonio; Introducción a la filosofía de la praxis (Escritos dos); Colección La Red de Jonás; Premia Editora; México, 1979.

[4] Acevedo, Jesús T.; op. cit.

[5] Acevedo, Jesús T.; ibíd.

2 comentarios:

  1. Muy pertinente nota. La arquitectura moderna mexicana se sustenta, al menos parcialmente, en las ideas de Acevedo y las del Ateneo. Necesario de difundirse entre estudiantes.

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  2. Vaya!!!! deberiamos mandar a esas conferencias a Rem Koolhass y sus politiquillos y clientes.

    Digo!....por aquello del bicentenario de nuestra independencia.

    Perdone usted la ironia.

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