lunes, noviembre 02, 2009

Arquitectura y renovación de la cultura nacional

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN: 13 DE DICIEMBRE DE 2013



Hoy día, hablar de arquitectura implica hablar de cultura, sobre todo cuando la entendemos como el grado de civilización de un pueblo, cuando vemos en ella la manifestación más refinada de un período de su historia. Pero la cultura no ha sido una preocupación intelectual de los arquitectos ni en el Renacimiento ni en la Ilustración. Ésta apenas comienza a principios del siglo XX. Además, es durante el siglo XIX cuando realmente se forja el concepto de cultura en sus dos acepciones, como la educación o el cultivo del espíritu humano y como el sinónimo de civilización o desarrollo material y espiritual de un pueblo. Lo que sí se da entre los artistas renacentistas e ilustrados es el aprendizaje de las lecciones de la historia para llevar la arquitectura greco-latina a nuevas soluciones formales. Ese aprendizaje es general y a todos los niveles, por lo menos entre los florentinos; en todo caso, no es un asunto exclusivo de los arquitectos.

En el México decimonónico, el liberalismo y el romanticismo representados por Ignacio Ramírez El Nigromante, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, Manuel Acuña y Juan de Dios Peza, trazan claramente la línea de la cultura como la aspiración a la renovación de «la vida nacional». No son simples imitaciones formales de los movimientos europeos; además de abrazar la poesía, sus representantes se involucran realmente en el periodismo y la política, es decir, se interesan también en resolver —desde su óptica liberal o conservadora— los problemas locales que estiman acuciantes. En el siglo XX, esa misma acepción de la cultura la adopta el Ateneo de la Juventud, más tarde llamado el Ateneo de México. La identidad nacional, o lo nacional mexicano, será el tema central de José Vasconcelos, aunque con una mirada criolla, no mestiza. Un continuador de dicho tema es Samuel Ramos, cuyo libro El perfil del hombre y la cultura en México, de enfoque psicológico, inspirará a Octavio Paz a escribir El laberinto de la soledad.

En la actualidad, la cultura es preocupación de casi todos. La arquitectura misma se ve como una gran oportunidad y un gran soporte para difundir la cultura. Sólo que esta difusión es indiscriminada; no se hace una distinción entre la burda imitación y esa válida aspiración a la renovación de la cultura y de la vida nacional. La historia prehispánica y colonial muestra un pueblo que recurrió al sincretismo cultural cuando fue necesario, que supo adaptar la cultura dominante —nahua, mexica o española— a sus propias necesidades, a sus condiciones materiales de vida. ¿Qué es lo que impide entonces, en nuestra época, que los artistas, los escritores, los críticos, los historiadores y los filósofos del arte y la literatura dejen de ser amantes incondicionales de una cultura y un arte idealizados, que no corresponden ni a la realidad de nuestras tierras, ni a la realidad de ninguna otra parte?

La respuesta tiene que ver sin duda con el hecho de que, de la búsqueda romántica de una identidad nacional propia, hemos pasado ingenuamente a ver «lo nacional mexicano» en la única representación ideológica suya que hemos conocido desde el fin de la revolución mexicana y desde la consolidación de las instituciones estatales y civiles; con el hecho de que, del laicismo oficial o impuesto, hemos pasado a una apertura que incluye laicismo y auge religioso, escepticismo y fe religiosa, ambivalencia que no había desaparecido del todo antes del siglo XXI; y con el hecho de que hemos dejado atrás la cultura ancestral del aislacionismo para dar paso a la cultura «moderna» de la globalización, de la aparente universalización. Por otro lado, hay que decirlo claramente, también hemos sobrevalorado las posibilidades de la renovación cultural. No sólo es necesario traducir o interpretar el pensamiento europeo a nuestros propios términos, para no ser simples consumidores de ideas, también hay que reconocer que la cultura no puede transformar la realidad económica y política si trabaja de espaldas a ella, o encerrada en un mundo de ilusiones; si se privilegian las soluciones puramente verbales o retóricas.

1 comentario:

  1. Querido Mario, impresionante el comentario que dejaste en mi blog. Te agradezco la profunda meditación que realizaste. Es un gran aporte a mi trabajo.

    Un abrazo desde el corazón y desde Bogotá

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