LA «CRÍTICA INMANENTE» DE KARL ROSENKRANZ
Ya que la historia de la crítica de arquitectura relaciona la frase «crítica inmanente» con la teoría estética de Theodor W. Adorno, o con el simple concepto que éste tenía de aquélla, encontramos necesario hacer un rápido bosquejo de cómo dicha expresión aparece mucho antes de Adorno y de la discusión en torno de la modernidad y la posmodernidad. La frase la acuña el postkantismo porque Kant nunca la usa como tal. Aunque habla de inmanencia y trascendencia el punto de vista de Kant es trascendental, no inmanente. Para Kant lo inmanente pertenece a la vida sensible, a la experiencia, o como dirán algunos también: al mundo del más acá [diesseits]. En Kant lo trascendental tiene que ver con la intuición, con el conocimiento no-empírico, con el a priori, con la pureza de la conciencia racional. Ahora bien, aunque es más fácil pensar en los hegelianos que en los kantianos como los autores de la frase, la influencia de Kant en su acuñación es más que evidente, pues quien hablaba significativamente de crítica era Kant, no Hegel. Vayamos a los detalles. La expresión aparece por primera vez entre 1821 y 1840. Nuestro único dato exacto es el siguiente. Ernst Reinhold publica en 1839 su Libro de texto de la historia de la filosofía [Lehrbuch der Geschichte der Philosophie][1], que merece la inmediata reseña de la Literarische Zeitung de Karl Heinrich Brandes[2]. El reseñador —cuyo nombre intentamos deducir— no está de acuerdo con el tratamiento que Reinhold da a los sistemas individuales, a los que matiza con su propio proyecto filosófico; pues, a juicio del reseñador, en una historia de la filosofía los sistemas filosóficos deben presentarse a través de una «crítica inmanente», es decir, de manera independiente y sin mezclar en ellos conceptos ajenos provenientes de otros sistemas filosóficos. Al reseñador le parece que, si Reinhold deseaba exponer su propio sistema, lo pudo haber hecho en otro lugar del libro de texto, tratándolo completamente por separado. Es obvio, por lo tanto, que el reseñador anónimo no toma la frase «crítica inmanente» del libro de Reinhold. Éste habla ahí de «principios inmanentes», pero en relación con los números de la escuela pitagórica, no con el concepto hegeliano de la matemática inmanente, ni con la inmanencia de la cosa en sí. Ahora bien, aunque en efecto se puede demostrar que en 1821, en Grundlinien der Philosophie des Rechts, Hegel ya había dicho que en la filosofía y sus ramas la idea debía exponerse racionalmente a partir del desarrollo inmanente de la cosa misma[3], ante la falta de documentos, es difícil probar sin lugar a dudas que el reseñador desconocido del libro de texto de Reinhold estaba al tanto de ello y que, encima, proponía una «crítica inmanente» interpretando lo más fielmente posible esas palabras pronunciadas por Hegel, pues se sabe que la Literarische Zeitung de Brandes se oponía a los neohegelianos que asociaban el reformismo rampante de la época con Hegel. ¿Daba el periódico del editor Brandes cabida a los viejos hegelianos como Rosenkranz, que no eran reformistas? La ausencia de la lista de nombres de los autores de las reseñas en la Literarische Zeitung era cubierta por una especie de nota aclaratoria: «en combinación con varios eruditos» [in Verbindung mit mehreren Gelehrten]. En una carta del 31 de agosto de 1840, dirigida al hijo mayor de Hegel, Rosenkranz se queja de Arnold Rugen, quien le ataca, asegura, por no aceptar ni la cristología, ni la política de aquél. Lo interesante para nosotros es que Rosenkranz le informa a Karl Hegel estar dispuesto a publicar una reseña sin firmar y sin cobrar en el periódico literario de Duncker, en las Hojas de Brockhaus, o donde se considere apropiado[4]. Entonces, ¿fue o no fue Karl Rosenkranz colaborador frecuente de la Literarische Zeitung cuando Brandes era su editor? La reseña sobre el libro de texto de Reinhold se publica el 24 de julio de 1839 y —menos de dos meses después— el 16 de septiembre de 1839, Rosenkranz firma el Prólogo de su Historia de la filosofía kantiana [Geschichte der Kant'schen Philosophie], que se publica en 1840 y donde aparece por segunda vez la frase «crítica inmanente». Por lo demás, puede decirse que la expresión «crítica inmanente» es un homenaje de Rosenkranz a Kant, pues aúna el carácter crítico de la investigación trascendental con el desarrollo dialéctico y progresivo de la idea misma hegeliana. Así, sin dejar de reconocer la enorme aportación kantiana al problema del conocimiento, Rosenkranz escribe en el libro citado: «Hegel, por otro lado, que compensó lo que Kant había omitido, es decir, que determinó la conexión de las categorías a través de ellas mismas y el valor de cada una ésas mediante la crítica inmanente del movimiento progresivo de la idea, siempre habló de ello con respeto, especialmente porque, gracias al gran instinto de Kant, desde Proclo, la triplicidad de los momentos conceptuales se había reintroducido en la filosofía»[5]. Para 1844, la frase de «crítica inmanente» ya se había convertido en moneda corriente tanto para detractores como partidarios. Friedrich Harms escribe: «Por muy crítica que sea nuestra época, apenas muestra vestigios de verdadera crítica. La crítica cuyo predominio cuestionamos es siempre meramente empírica o dialéctica. No juzga la posibilidad ni la necesidad de un pensamiento, sino solo su realidad y realización, y, a lo sumo, infiere de la primera a la segunda. Incluso la crítica inmanente de nuestro tiempo, que también puede denominarse dialéctica, puesto que se preocupa por permitir que el pensamiento se refute a sí mismo mediante su desarrollo y se transforme en otro, no es sino filosófica, puesto que también hace que la verdad del pensamiento dependa de su realidad»[6]. Dejamos a juicio del lector aceptar o rechazar tanto nuestra demostración de la identidad del reseñador de la obra de Reinhold como de la influencia kantiana en Rosenkranz a la hora de crear la hoy famosa frase «crítica inmanente»[7].
EL «INMANENTISMO» DE MANUEL SACRISTÁN LUZÓN
Fernando Claudín Pontes sólo estudia un año de arquitectura en Madrid, de 1933 a 1934. Abandona la carrera para dedicarse de tiempo completo a la política. Será un líder juvenil comunista muy activo desde 1932 hasta 1937. En 1939 se exilia en diferentes países, incluido México. Tras lo que podría considerarse como una exitosa militancia dentro del PCE en el exilio, Claudín Pontes es expulsado en noviembre de 1964, al no poder coincidir con el Secretario General del Partido, Santiago Carrillo Solares en lo que sería la interpretación de la realidad económica española y la correspondiente solución política ante la presunta inminente caída del franquismo. Los administradores de la Editorial Ruedo Ibérico, que publica en París, aceptan la participación de Claudín Pontes en su revista Cuadernos del Ruedo Ibérico a pesar de su expulsión del PCE, más para resaltar su carácter de medio de comunicación independiente que para ponerse del lado de la disidencia y el revisionismo dentro del comunismo español en exilio. En el tercer número de Cuadernos del Ruedo Ibérico, del bimestre octubre-noviembre de 1965[8], Claudín Pontes publica su reseña al prólogo de Manuel Sacristán Luzón, La tarea de Engels en el «Anti-Dühring», que había sido publicado a mediados de 1964[9]. Aunque Claudín Pontes hace precisiones como la de que la edición de Grijalbo del libro de Engels no es la primera en español, o la de que la afirmación de Sacristán Luzón acerca del carácter inmanente de la concepción de Engels ya había sido anticipada por Karl Korsch en 1923, o la de que Sacristán Luzón cae en el extremo cuando trata la obra de Engels de «modesto manual de divulgación», tales precisiones no le impiden reconocer el verdadero valor teórico del esfuerzo de Sacristán Luzón. Se podría pensar por lo tanto que las precisiones de Claudín Pontes más bien buscan corresponder a ese esfuerzo, porque no caen ni en la descalificación, ni en el descrédito del prologuista. Animan en cambio a seguir adelante en la línea de la crítica y de la investigación marxista. No son una invitación al liberalismo, al laissez faire, laissez passer filosófico. Por lo contrario, el proceder de Claudín Pontes subraya —acaso pensando en su expulsión del partido comunista— que debe existir la libertad de crítica dentro de la tendencia política común en primer lugar: se señalan los errores, sin dejar de reconocer los aciertos de quien comparte una visión política. Quizá esta es la razón por la que su crítica no pasa por alto aspectos que parecerían nimios en una confrontación radical y sin concesiones con un representante del partido teórico o político adverso. En efecto, en La tarea de Engels en el «Anti-Dühring» de Sacristán Luzón encontramos la convicción patente de que en la concepción del mundo de Engels, late el «inmanentismo». Sacristán Luzón defiende que «la explicación de los fenómenos debe buscarse en otros fenómenos, en el mundo y no en instancias ajenas o superiores al mundo. Este principio está en la base del hacer científico, el cual perdería todo sentido, quedaría reducido al absurdo, si en un momento dado tuviera que admitir la acción de causas no-naturales, necesariamente destructoras de la red de relaciones (“leyes”) intramundanas que la ciencia se esfuerza por ir descubriendo y construyendo para entender la realidad». Y lo resume en un «postulado»: «el mundo debe explicarse por sí mismo»[10]. En cuanto a lo mencionado por Claudín Pontes que Karl Korsch se habría anticipado a Sacristán Luzón, debe aclararse que el término empleado por aquél no corresponde exactamente a inmanencia, sino a terrenalidad o mundanidad [Diesseitigkeit]. En Marxismo y filosofía, Korsch discute el problema de la acción revolucionaria y la posibilidad de su objetiva realización, en un mundo donde la aspiración a una mejor vida en «el más allá» [jenseits] contribuye a que dicha acción revolucionaria pierda sentido, urgencia y objetividad. Para Korsch el marxista resuelve problemas prácticos y reales en la materialidad de este mundo del más acá [diesseits]. Aunque en alemán inmanencia puede ser sinónimo de terrenalidad o mundanidad, no necesariamente nos va a remitir a la discusión religiosa, como en cambio hace el segundo término en el libro de Korsch. No hay pues una coincidencia completa entre Korsch y Sacristán Luzón. Por otro lado, ignoramos por supuesto la razón por la que el filósofo español prefiere hablar de inmanentismo y no de «crítica inmanente» como había hecho su amigo personal Georg Lukács en El asalto a la razón en 1952. ¿Intentaba Sacristán Luzón demostrar lo que había afirmado Lukács acerca de que Engels había recurrido a la «crítica inmanente»? O, por lo contrario, ¿subrayaba que Lukács tenía razón sólo en parte? Respecto a la «crítica inmanente» que Lukács dice aplicar a la filosofía schellingiana, ya hemos declarado en nuestro estudio de los dos apartados de El asalto a la razón dedicados a Schelling[11], que Lukács se somete desde el inicio a un esquema prejuiciado que le impide estudiar realmente la obra schellingiana. Así que nunca la estudia «desde dentro», ni como un «sistema independiente», nunca hace aflorar las propias contradicciones del idealismo trascendental schellingiano, porque ni siquiera cree que exista, sino que le impone todo el tiempo el molde del marxismo-leninismo, que Schelling ha de llenar si quiere salir airoso en el examen lukacsiano, si quiere ser eximido de la culpa de ser el presunto iniciador del irracionalismo. Para terminar este asunto de Sacristán Luzón, preguntémonos también si al acotar el inmanentismo como «clásico», se adelantaba a cualquier asociación de sus ideas con la crítica que Lenin lanzara a los sedicentes marxistas, que buscaban en el inmanentismo y los empirio-criticistas alemanes la fundamentación filosófica de la teoría de Marx y Engels. Lenin hablaba de una escuela inmanentista en alusión a las tesis según las cuales la historia y la economía se reproducen conforme a sus leyes inmanentes con la nula intervención del ser humano, pero también señalando a aquellos que decían que el movimiento económico sólo ocurría en la conciencia del hombre[12].
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NOTAS:
[1] Reinhold, Ernst, Lehrbuch der Geschichte der Philosophie, Druck und Verlag von Friedrich Mauke, Jena, 1839.
[2] Brandes, Karl Heinrich, Literarische Zeitung, Sechster Jahrgang, 1839, (No. 1-58. und Register.), bei Duncker und Humblot, Berlin, 1839.
[3] Hegel, Grundlinien der Philosophie des Rechts, In der Nicolaischen Buchhandlung, Berlin, 1821.
En los Anuarios de crítica científica [Jahrbücher für wissenschaftliche Kritik] del mes de febrero de 1835, confrontando los sistemas filosóficos de Schelling y Hegel, Víctor Cousin —según la traducción del francés al alemán de Hubert Beckers— reproduce con fidelidad esta idea, pero nunca la define como una crítica: «La lógica especulativa hegeliana contiene nada menos que la cosa misma, en su razón y esencia inmanentes, impregnada por el pensamiento. Ningún filósofo del mundo, y menos aún Schelling, concibió ni comprendió antes de Hegel el pensamiento y la idea, ni siquiera las determinaciones del pensamiento mismo. Solo Hegel los puso en el medio y los desveló a través del pensamiento, reveló su relación interna y los desarrolló a partir de sí mismos en la medida en que poseen su vida interior, actitud, medida y forma en su movimiento dialéctico y especulativo». En la lista de los miembros y colaboradores de estos Anuarios de 1835 aparece el nombre de Karl Rosenkranz. Traducción nuestra
[4] Karl Rosenkranz an Karl Hegel, Königsberg in Preußen, 31. August 1840. Privatbesitz; Teilabdruck: Dokumente zur Geschichte des Nachlasses von G.W.F. Hegel, S. 72-73; Karl Rosenkranz. Briefe 1827 bis 1850, hrsg. von Joachim Butzlaff, Nr. 200, S. 242.
[5] Rosenkranz, Karl, Geschichte der Kant'schen Philosophie, Leopold Voss, Leipzig, 1840, p. 161. Cabe mencionar que Kant habló de una dialéctica trascendental [trascendentale Dialektik] y de una crítica trascendental [trascendentale Kritik] en La crítica de la razón pura.
[6] En la Revista de filosofía y teología especulativa [Zeitschrift für Philosophie und spekulative Theologie] de J. H. Fichte. Bei Ludwig Friedrich Fues, Tübingen, 1844. Subrayado nuestro. Traducción nuestra.
[7] Después de escribir lo referido a la identidad del reseñador, encontramos en línea el artículo de 2014 Hegel, Adorno and the Origins of Immanent Criticism del filósofo británico James Gordon Finlayson; él establece el año de 1840, no el de 1839, como la primera vez que Karl Rosenkranz usa la expresión. No menciona ni el año de 1839, ni la reseña de la Literarische Zeitung, menos al reseñador aparentemente anónimo.
[8] Claudín Pontes, Fernando, Cuadernos del Ruedo Ibérico, Editions Ruedo Iberico, Paris, 1965, «La tarea de Engels en el Anti-Dühring» y nuestra tarea de hoy, p. 42 y ss.
[9] Sacristán Luzón, Manuel, La tarea de Engels en el «Anti-Düring», Prólogo a su traducción del Anti-Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugene Dühring, Editorial Grijalbo, México, 1964.
[10] Ibíd.
[11] Rosaldo, Mario, Antecedentes del debate crítico contemporáneo: orígenes del irracionalismo, en línea.
[12] Lenin, Vladimir, Materialismo y empiriocriticismo, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekin, primera edición 1974, (2a impresión 1975).

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