lunes, enero 19, 2015

Fidelidad y traición en la traducción o la crítica, la interpretación y la espontaneidad

POR MARIO ROSALDO


El pasado 24 de diciembre (2014) recibimos en propia mano la más reciente edición en castellano de Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, con el subtítulo de Libro Primero: Introducción general a la fenomenología pura de Edmund Husserl, en la cual la traducción de José Gaos ha sido editada de nuevo y refundida integralmente por Antonio Zirión Quijano. Habiendo trabajado desde 2013 en la edición de 1962, nos preguntamos inmediatamente qué tanto nos obligaría a modificar nuestro conocimiento de Husserl la intervención de Zirión Quijano. Ciertamente el estudio de Husserl a través de la traducción de Gaos había sido muy complicado, pues la primera barrera casi infranqueable fue el uso de expresiones coloquiales propias de España, o de alguna de sus regiones. Otras parecían ser técnicas, como «sin solución de continuidad» o «en punto de». Al principio aceptamos estudiar y comprender las ideas de Husserl sin indagar sobre la validez de tales expresiones, pero más tarde comenzamos a preguntarnos cuáles eran sus formas alemanas. Descubrimos —o eso creímos en un primer momento— que en alemán no existe nada parecido a «sin solución de continuidad»[1], que simplemente se dice «sin interrupción»[2] y que «en punto de» es una vieja traducción de in Beziehung auf, que también se puede traducir como «en referencia a» o «en relación a». Aún no sabemos cuáles son las expresiones que empleó Husserl porque no hemos podido consultar las versiones originales, pero ya hemos notado que, en un pasaje, Zirión Quijano ha prescindido de «sin solución de continuidad», aunque no de «en punto de». La primera mirada a esta edición de 2013 nos dejó la impresión de que el cambio en la terminología no altera en general el sentido que se desprende de la traducción de Gaos. En nuestro muy rápido sobrevuelo no vimos el matiz corrector que Zirión Quijano dice haber dado a la visión de Gaos, según la cual Husserl no habría aportado nada nuevo a su planteamiento inicial de la fenomenología trascendental. Tampoco vimos que el cúmulo de textos que ahora acompañan a Ideas, y que lo convierten en un grueso volumen, aportara algo más de lo que ya se planteaba Husserl con claridad. Pero, a decir verdad, nos falta hacer el estudio detenido de esta edición y esta traducción. Otra cosa es la tesis, que no recordamos si es de Zirión Quijano, del editor alemán o de alguien más, de que esta introducción de Husserl no es todavía una filosofía de la fenomenología. Hay que preguntarse en serio si se puede hacer la introducción a una filosofía sin poner el ejemplo de cómo ejercerla, de cómo entenderla y de cómo explicarla. De hecho, eso es lo que hace Husserl en su libro. Hace filosofía, sólo que no a la manera tradicional. Entendemos que se quiera ver la fenomenología trascendental como una filosofía viva, que se ha de continuar expandiendo, pero sostener o insinuar que como filosofía primera todavía está toda por hacer, nos parece que es favorecer de algún modo a quienes suponen que Merleau-Ponty superó por completo a Husserl cuando le señaló una contradicción al aceptar el segundo que existen variantes de la fenomenología en sus límites inferiores, o a quienes como Landgrebe han visto alguna etapa de la fenomenología como una especie de recaída en el cartesianismo. Pero ya discutiremos todo esto en su momento, cuando entremos al estudio de los arquitectos fenomenólogos como Alberto Pérez-Gómez y Steven Holl. Por algo decía Husserl que no se le criticara ni se le interpretara durante la exposición de sus ideas acerca de la fenomenología trascendental, que lo que se debía hacer era deshacernos de los prejuicios filosóficos y científicos, o ser espontáneos, desinteresados, a fin de poder asimilar sus enseñanzas.

Pero suspender la crítica o evitar la interpretación no es fácil para quien está acostumbrado a practicarla o para quien las palabras no tienen más significado que el que puede obtenerse del uso original, del criterio establecido, o del contexto que, supuestamente, no necesita de otra interpretación. La petición de Freud era semejante a la de Husserl, que se dejara a un lado la crítica para que se pudiera captar del todo lo que estaba exponiendo. La crítica interfería, pues, en la comunicación de una teoría. Había que asimilar sin prejuicios, ni juicios, las nuevas propuestas. Diferente era la tesis de Foucault; para éste la crítica había venido a enturbiar la percepción natural de las cosas. Lo deseable era volver a la actitud anterior al racionalismo, a la simple descripción de los fenómenos, al comentario circular y desinteresado. No era cuestión de suspender momentáneamente la crítica, había que erradicarla. Por nuestra parte, todos estos años, en nuestro estudio de diversos autores, hemos intentado dejar la crítica para el final, pero no siempre lo hemos conseguido. Habiendo visto que algunos autores cometen el error de juzgar a sus estudiados por lo alejados que se encuentran respecto al partido que aquellos representan y defienden, nos hemos esforzado por captar el sentido real de los conceptos y proposiciones, de las teorías que se exponen, en lugar de meter dicho pensamiento en una horma prefabricada, o de menospreciarlo porque no se ajusta al nuestro. Cuando los autores son serios raras veces se puede atribuir estos errores a la traducción, pero ésta sí puede afectar a un lector desprevenido o a quien da por descontado que ya conoce cuál es el punto de vista de su enjuiciado. Para un investigador en nuestras condiciones, una traducción puede ser ambigua, así que siempre necesitamos cotejarla con la versión en el idioma original, para disipar cualquier duda o para corroborar que el sentido de la tesis es justamente ese que se presenta. El problema surge cuando no contamos con tal versión o desconocemos el idioma del autor; el trabajo nos toma más tiempo o queda inconcluso. A las deformaciones que puede causar una traducción que incorpora el lenguaje de moda, técnico o literario, en la creencia de que facilita la comprensión de un viejo tema, se suma el hecho de que leer y comprender un trabajo que fue concebido y escrito en el idioma propio tampoco es tarea fácil. Un ejemplo es el caso de Lukács. Nace en el imperio austro-húngaro, por tanto, habla y escribe en perfecto alemán. ¿Por qué, entonces, en su obra El asalto a la razón no entiende el pensamiento de Schelling y acaba por atribuirle palabras y sentidos de las mismas que éste nunca utiliza? ¿Acaso ha estorbado la crítica, como habrían dicho Husserl y Freud? Si algo estorba, no es la crítica, sino la falta de ella en lo que toca a los prejuicios con los que Lukács estudia a Schelling, pues, de otra manera nosotros no habríamos podido entender cuál es el sentido del verbo alemán zurückgehen, que en la traducción de Wenceslao Roces, una forma de remontar, favorece a la idea que expone Lukács, pero no es fiel al planteamiento de Schelling cuando éste habla de que las contradicciones sociales vienen a menos en el mundo de las ideas. Aquí el error no es del traductor, porque entonces habría tenido que convertirse en corrector de la interpretación del autor, por lo menos en una nota a pie de página, sino de Lukács, quien incluso habla de que las contradicciones sociales son insuperables para Schelling, empleando en alemán un término relacionado con la Aufhebung de Hegel. La predisposición de Lukács es evidente, no busca entender lo que en verdad piensa Schelling, sino mostrar que no comparte los ideales ni las teorías de Hegel, Marx y Engels, que es por tanto un filósofo «irracional». Este último punto también lo discutiremos a detalle cuando elaboremos y publiquemos la sexta parte de Antecedentes del debate crítico contemporáneo: orígenes del irracionalismo. En un intento de ser espontáneos, hemos escrito este texto sin consultar nuestros cuadernos ni los libros aludidos. Esperemos que la memoria de 61 años no nos haya traicionado.



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NOTAS:


[1] Detectamos en la Red el uso de «ohne Lösung der Kontinuität» y «Lösung der Kontinuität», pero no hallamos nada semejante en nuestros diccionarios, ni en los diccionarios digitalizados del siglo XIX. Y en los textos decimonónicos de las bibliotecas digitalizadas aparece a menudo la segunda forma y en una ocasión «keiner Lösung der Kontinuität». En cambio, «ohne Lösung der Kontinuität» es frecuente sólo en los textos digitalizados del siglo XX. Una amplia bibliografía en latín, inglés, francés, alemán, italiano y español registra usos técnicos, sobre todo médico-biológicos, y usos más generales, pero siempre dentro de lo que sería un lenguaje culto o científico. El origen común es desde luego la frase latina «solutio continuitatis» (encontramos documentos del siglo XVI). Nota añadida el 13 de febrero de 2015.

[2] El Langenscheidt traduce «solución de continuidad» como «Unterbrechung». Y esto coincide con Husserl quien una sola vez habla de una «interrupción en el transcurso de la continuidad de la percepción actual [einer Unterbrechung im Ablauf der Kontinuität aktueller Wahrnehmung]», pero no emplea ni «ohne Lösung der Kontinuität», ni «Lösung der Kontinuität», en todo el libro. Al parecer la traducción germana más antigua de «solutio continuitatis» es «Unterbrechung des Zusammenhangs» (hallamos un caso de fines del siglo XVIII), que podríamos traducir como «interrupción de la coherencia». También aparecen algunos ejemplos cuando buscamos «Unterbrechung der Kontinuität». Ahora bien, cuando Gaos escribe «sin solución de continuidad» por lo general está traduciendo el adjetivo y adverbio germano «kontinuierlich»: continuado, continuo, continuamente. Zirión Quijano a veces respeta la traducción culta de Gaos, a veces traduce literalmente. Nota añadida el 13 de febrero de 2015.

1 comentario:

  1. mira, gracias por esta y 61 años..... yo acabo de cumplir 60jajajajaja en fin, me gusta la espontaneidad, pues siento que nos conecta con el aqui y el ahora, cita Cortazar en su libro"la vuelta al mundo en 80 dias"
    Quien nos rescatara de la seriedad? y habra que dejar de lado a los tortugos amoratados y serios, para recuperarnos, no crees? un abrazo Deni

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