domingo, abril 29, 2012

Impresiones sobre Chateaubriand

POR MARIO ROSALDO


En su libro Mémoires d'outre-tombe[1], Chateaubriand toma nota de su viaje a Alemania: menciona una cita de Kant, varias más de Schiller; y menciona a Fichte y Goethe. También aparecen algunos comentarios acerca de Burke, y una sola mención de Wordsworth; nada hay sobre Coleridge. Es evidente que Chateaubriand se identifica más con los románticos de Alemania que con los de Inglaterra, y prácticamente reconoce la influencia de Rousseau, a pesar de identificarlo con los revolucionarios o con Bonaparte. Como Stendhal, ve a Goethe y Schiller más como poetas, o literatos, que como filósofos o críticos de arte.
 

El tema de la educación se halla por todas partes en las Mémoires de Chateaubriand, pero nunca con el enfoque de Coleridge o Arnold, aunque, a cambio, hallamos el tema de la perfección moral del cristiano. Con todo, Chateaubriand no parece relacionar esta perfección espiritual con la educación, mucho menos con el arte. Nuestra primera impresión es que Chateaubriand separa tajantemente la instrucción de la perfección moral, que es papel de la religión. Cuando habla de cómo debería ser educado un príncipe, no dice que a través de la religión, ni dice que los valores religiosos deben ser los principios, sino que éstos son la forma de gobierno y de las costumbres del país. Así que, cuando habla de la perfección espiritual difiere por completo del punto de vista de Coleridge, Arnold o Ruskin. Por su conservadurismo, diríamos que Chateaubriand está más cerca de Burke. 

Entre otros muchos personajes que Chateaubriand menciona en Mémoires, destacan Voltaire y Benjamin Constant; el primero por ser una influencia dominante, que había que destruir, y el último por ser uno de los «espíritus independientes» como el propio Chateaubriand. Aparece la mención a Victor Hugo, quien habría dicho que él sería un Chateaubriand o no sería nada. También se cita a Lamartine. No aparece el nombre de Stendhal, quien muere en 1842, es decir, un año después de que Chateaubriand terminara la extensa conclusión de sus memorias. 

Chateaubriand nos parece un personaje que se agita entre los deseos de su juventud y los deberes de su posición. Aprecia los talentos de los espíritus rebeldes, pero sólo desde la perspectiva del arte. Va más allá sólo cuando existe, o él cree que existe, una filiación espiritual, mística o religiosa. 

Menciona al Wallenstein de Schiller y a éste como uno de sus favoritos, pero no sabemos si se interesó en el Schiller filosófico. Sabemos que Schiller se rebela en sus obras «contra el rigor familiar y la tiranía del príncipe», pero no contra la aristocracia en sí. La posición de Chateaubriand es muy parecida, pues en la sugerencia de lo que debiera ser la educación del príncipe, no hay un rechazo a su derecho aristocrático, sino a la apropiación de un país pasando por encima de sus propias formas de gobierno y de sus propias costumbres, como habría hecho Bonaparte, a quien consideraba un romano, un extranjero. En Essai historique, politique et moral sur les révolutions anciennes et modernes[2], Chateaubriand se pronuncia en contra del despotismo y a favor de la democracia; eso queda bastante claro cuando compara la democracia americana con el imperio de Bonaparte. 



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NOTAS: 

[1] Chateaubriand, François-René, op. cit.; Éditeurs Garnier Frères; Paris s.f.; Tomes I-VI 

[2] Chateaubriand, François-René, op. cit.; Œuvres complètes; Ladvocat éditeur; Paris 1826; Tome II. 



*Texto basado en nuestras notas del 30 de noviembre del 2006 del Cuaderno 2006(5).

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