miércoles, enero 24, 2007

Proyecto y método en arquitectura (Decimotercera parte)

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN 20 DE OCTUBRE DE 2013



En su segunda «tradición», Jencks nos dice que el «idealismo» de los arquitectos se ve preso de una cierta parálisis:

«La tradición inhibida [self-conscious] de la arquitectura a menudo muestra una atención a sus propias acciones que es tan autorreflexiva como paralizante. Esto ha tomado en general dos direcciones: la sumisión a los modelos pasados de la arquitectura en la creencia de que éstos contienen algunos principios ordenadores universales, o la obsesión con las épocas pasadas y los edificios anteriores con la idea de que éstos pueden conferir un suerte de inmortalidad terrenal a los constructores»[1].

Según Jencks, Auguste Perret es ejemplo de la primera dirección y la idea de Hitler de un Tercer Reich milenario y clásico lo es de la segunda. Ambas direcciones, sin embargo, desembocan en «las varias formas del Fascismo». De ahí que, sin profundizar en la dirección que dice representa Perret, Jencks se vuelca exclusivamente sobre los argumentos nazis para establecer una oposición intransigente al Movimiento Moderno; pero, sólo para resaltar que, pese al rechazo nazi de la arquitectura moderna, los arquitectos como Gropius, Mies van der Rohe o Le Corbusier estuvieron dispuestos a colaborar con el nazismo, y que incluso el primero escribió una carta a Goebbels y el segundo firmó un llamado patriótico del arquitecto nazi Paul Schultze-Naumburg: