domingo, mayo 01, 2016

Antecedentes del debate crítico contemporáneo: orígenes del irracionalismo 9

POR MARIO ROSALDO


2. LA DESTRUCCIÓN DE LA RAZÓN
(Continuación)


Perfilando su primer bosquejo, Lukács añade:

«Había sonado, pues, la hora de la primera gran batalla entre la dialéctica idealista objetiva y el irracionalismo. Y en ella salió derrotada la forma schellingiana del irracionalismo, tanto la primera, dualista todavía y enlazada con el método del desarrollo histórico en la filosofía de la naturaleza, como la segunda, ya abiertamente religiosa y mística: la forma hegeliana comienza ahora a ocupar su posición predominante»[1].

Justifica el realismo abstracto de Hegel apelando a las simpatías napoleónicas y al liberalismo limitado a un momento histórico que éste manifiesta, no porque olvide que Hegel, al igual que Schelling, se refieren a cambios puramente espirituales, sino porque insiste en ver el idealismo objetivo como una suerte de aproximación al materialismo, o también porque ve el «irracionalismo» de Schelling como una ruptura total con la realidad, con la dialéctica del sujeto y el objeto. Schelling, es verdad, no se interesa en las contradicciones sociales porque estima que no son reales, porque para éste la solución es retornar a la unidad espiritual absoluta; por eso, cuando se siente incomprendido, se aparta de las discusiones. Pero Hegel no procede de manera muy diferente; cree que las contradicciones sociales se resolverán con el desarrollo irrestricto de la dialéctica, si la realidad es capaz de seguir los causes de la teoría, de la racionalidad, si no se interrumpe la revolución social encabezada por Napoleón; cuando esto falla, se desanima: descubre que los hechos no coinciden con la conciencia idealizada de ellos, que lo racional no determina lo real. Sin prestar atención a estos detalles, a estas «etapas intermedias», Lukács traza la línea causa-efecto que debe desembocar en el año del nombramiento de Schelling como catedrático universitario. La reconstrucción científica del pasado, que une el objeto real conocido con la hipótesis de su desarrollo histórico no prescinde de las «etapas intermedias» ni del estudio de las condiciones en las que probablemente tuvo lugar este desarrollo. Cada detalle es decisivo para alcanzar una reconstrucción congruente. En la ciencia nada se da por entendido ni por conocido. Lukács por lo contrario ilumina sólo aquello que quiere que veamos y deja en la penumbra lo que no le interesa. Confía demasiado en los conocimientos que ya tiene de Schelling, Hegel y la historia de Alemania. Aunque ensaya una opción materialista filosófica, no aceptada del todo por la ortodoxia de esos años, no podemos afirmar que Lukács se separa siquiera una corta distancia de la línea partidaria. De hecho, confía en que al final podrá probar que la vía filosófica es tan aceptable como la económica en el estudio marxista-leninista de la realidad social. De acuerdo a Lukács, pues, el Hegel de la introducción en la Fenomenología gana «la primera gran batalla entre la dialéctica idealista objetiva y el irracionalismo». Schelling no sólo habría sido derrotado como el defensor de la reacción restauracionista, sino también como el titubeante idealista objetivo de su juventud.

Entre este pretendido demoledor triunfo hegeliano y el real nombramiento en beneficio de Schelling, Lukács distingue dos momentos importantes, el del predominio de la forma progresista de la filosofía hegeliana y el de su proceso de desintegración. Lukács por supuesto se interesa más en estos dos momentos relacionados con Hegel que en la actividad filosófica de Schelling. Respecto al primer momento dice que, después de «ocupar su posición predominante»[2], la dialéctica hegeliana «cae también en crisis con el derrocamiento de Napoleón y con la instauración de la Santa Alianza»[3]. En defensa de Hegel, asegura Lukács que aquél, «pese a este cambio de rumbo, llevó a cabo lógicamente el programa de la Fenomenología»[4] y que se mantuvo «fiel a la idea del desarrollo [dialéctico]», orientándose en lo político «hacia una monarquía constitucional». Esta orientación significa para Lukács «que, aunque de un modo extraordinariamente vacilante, [Hegel] se remonta por sobre las condiciones políticas a la sazón imperantes en Alemania»[5]. En otras palabras, Lukács estima que Hegel no se ve del todo sujeto a los moldes del influyente pensamiento político conservador de la Prusia de entonces, pero que tampoco consigue abrazar plenamente la causa democrática. En el segundo momento de Lukács, este predominio de la dialéctica hegeliana en la filosofía prusiana inicia su desintegración en 1830 con las repercusiones en Alemania de la Revolución de Julio y termina «inmediatamente antes de la revolución de 1848»[6]. Lukács encuentra que el lado positivo de esta desintegración es la puesta en evidencia de «sus tendencias retrógradas» realizada por Ludwig Feuerbach elevando la dialéctica al materialismo[7]. Y justifica que en esta elevación se perdieran «transitoriamente ciertos aspectos valiosos de la dialéctica», pues «guarda íntima relación con la necesidad social de sobreponerse políticamente a la filosofía hegeliana» en todas sus formas[8]. Al final, asegura Lukács, «la desintegración del hegelianismo» había sentado «en Alemania, en vísperas de la revolución democrática, una base ideológica para la lucha de la extrema izquierda de la democracia burguesa»[9]. Esta asociación de Hegel y el hegelianismo con las aspiraciones populares, continua Lukács, se transforma necesariamente en la lucha que mueve «a la reacción prusiana, encabezada por Federico Guillermo IV, a nombrar a Schelling para ocupar una cátedra en la universidad de Berlín»[10]. El interés de Lukács por estos dos momentos del hegelianismo, no por el pensamiento filosófico de Schelling, a quien presuntamente estudia, se explica por la obligación que siente ante sus potenciales lectores de izquierda de probar en cada tramo de esta, por él llamada, consideración intermedia que su disección del irracionalismo, en el plano de lo que él en particular entiende por ideología, no rompe en absoluto con la ortodoxia del método histórico-dialéctico. Es a estos lectores, probables jueces y críticos, que dice que de ningún modo importa saber si Schelling tenía o no clara conciencia de lo que hacía, si estaba o no resuelto a luchar específicamente contra Hegel, contra quien —en opinión de Lukács, obviamente— le había reemplazado en el interés del público[11], que lo «importante son las necesidades ideológicas que su actuación venía a llenar»[12]. Esto es, que como representantes de la clase aristocrática, tanto la reacción prusiana como Schelling, conscientes o no de sus actos, los realizaban, no por simple necesidad natural, no por simple instinto de supervivencia como clase social dominante, sino por una falsa necesidad existente sólo en sus mentes que los separaba del pueblo y de una filosofía progresista como la de Hegel, por los intereses conservadores del Estado y la sociedad burguesa. Obsérvese entonces los dos sentidos de necesidad que emplea Lukács: «necesidad social» y «necesidades ideológicas». Mientras la necesidad social se atiene a la realidad cambiante y sus leyes, las necesidades ideológicas intentan impedir que haya cambios en los esquemas filosóficos, políticos, religiosos y morales del poder material, o intentan propiciar que los haya si se trata de Hegel, los neohegelianos, los revolucionarios burgueses y los socialistas.

En ambos casos la necesidad es la fuerza cohesiva que funde al individuo en la clase y, por lo tanto, la conciencia individual en la conciencia colectiva. Para Lukács, esta conciencia colectiva —aristocrática, burguesa o proletaria— determina de tal manera los actos de los individuos que, en un estudio filosófico en el que la particularidad de sus pensamientos es caracterizada como irracional, paradójicamente no hace falta ya entrar en detalles. De ahí que lo prioritario en Lukács sea cumplir satisfactoriamente con las exigencias de lo que sería el método marxista-leninista explicando las «necesidades ideológicas», a las que responden las «actuaciones» individuales, por medio de la «situación objetiva» o histórica que las determina. Lukács está convencido de que su interpretación del método es correcta y que dibuja o copia con exactitud lo mismo la dicha «situación objetiva» que la forma subjetiva de la lucha de clases, que para Lukács es igual que decir «necesidades ideológicas». En el esquema de Lukács lo social y lo ideológico constituyen un todo dialéctico que debería coincidir por completo con el modelo avalado por el marxismo-leninismo y, en consecuencia, con la realidad social, por eso supone que la diferencia establecida por él entre el progresista racionalismo dialéctico de Hegel y el retrógrado irracionalismo de Schelling reproduce plenamente la diferencia social entre revolucionarios burgueses y restauracionistas aristocráticos. Sin embargo, como ya hemos señalado, en ningún momento aporta pruebas concretas que corroboren esto. Apuesta más bien por que el todo termine por explicar la parte en un proceso de depuración lógica. En este sentido, las disculpas de Lukács por intercalar contadas veces vagas menciones a Schelling tienen por objeto acentuar el valor que le otorga a la determinación de lo general sobre lo particular, ya en lo social, ya en lo ideológico.




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NOTAS:

[1] Lukács, Georg; El asalto a la razón; Grijalbo, México; p. 132.

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.; p. 133.

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.; pp. 133-134.

[8] Ibíd.; p. 134.

[9] Ibíd.

[10] Ibíd.

[11] Ibíd.

[12] Ibíd.

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