viernes, mayo 22, 2009

Crítica y arquitectura

POR MARIO ROSALDO


Dos artículos publicados en el sitio Crítica y Arquitectura, el primero de los cuales es la presentación del sitio, y el segundo una traducción de nuestro original en francés.



Crítica y Arquitectura
Por Mario Rosaldo
TEXTO ORIGINALMENTE PUBLICADO
EN EL DESAPARECIDO SITIO CRÍTICA Y ARQUITECTURA
http://www.geocities.com/bravenik/notas.html
FECHA DE PUBLICACIÓN: 11/01*



Ante la abundante bibliografía que podemos encontrar hoy día, nadie podría atreverse a restarle importancia al esfuerzo crítico que se ha llevado a cabo en torno de la arquitectura a lo largo de, por lo menos, los últimos treinta años. Sin embargo, y al parecer todavía por algún tiempo, seguirán habiendo los detractores de la crítica y de la teoría en la arquitectura, que aboguen obstinadamente por una práctica sin más, ya sea porque no han podido comprender las propuestas de la crítica, o porque dichas propuestas no han sido difundidas con suficiente claridad y consistencia.

Contra viento y marea, la actitud crítica ha ido surgiendo en la medida que la sociedad moderna se ha planteado nuevos desafíos en el camino de su continua transformación; un camino, huelga decir, que es muy accidentado y que no tiene previsión por más que se desee. Es una actitud que resulta de la experiencia colectiva, pero que no se da sin el poder de la reflexión y el compromiso ético individual; tampoco está exenta de contradicciones conceptuales y buenas intenciones que son fallidas. De hecho, parte sustancial del problema en la crítica de la teoría arquitectónica ha sido la extrema subjetividad teórica y la frecuente despreocupación metódica durante lo que debiera ser el trabajo de investigación y análisis.

De cara a los debates conceptuales concernientes al método científico, que se han vivido dentro de las ciencias sociales, la filosofía y las ciencias humanas e, inclusive, dentro de las ciencias naturales, ya no se puede aspirar a la absoluta asepsia positivista; pero, y justo por esa misma razón, tampoco se puede fomentar la tendencia a la absoluta subjetividad.

Cada vez está resultando más evidente e indispensable admitir que no se parte de cero al momento de involucrarse en una investigación científica; se reconoce ahora que las pre-conceptualizaciones forman una primera barrera a enfrentar. Pero todavía existen los puntos de vista contrapuestos en lo referido a los temas de la conciencia y el conocimiento. En la filosofía y las ciencias humanas, por ejemplo, hay un acalorado debate en torno de esto, ahí se discute acerca de la hermenéutica, la ciencia cognitiva, el subjetivismo y hasta se pone en tela de juicio la fundamentación de las categorías desde el nihilismo. Y otro tanto ocurre en las ciencias sociales.

¿Por qué esta reiterada preocupación por la conciencia y el conocimiento? Para decirlo en términos psicologistas, la conciencia está enraizada en un sustrato de experiencias del que, paradójicamente, pocas veces nos apercibimos. Esta falta de percepción del sustrato de experiencias nos hace suponer que no estamos influidos por "prejuicios" a la hora de actuar. Pero, ni el menos diestro individuo ni el más docto científico escapa a esta determinante que en filosofía y sociología se llama "ideología". En otras palabras, por lo común se desconoce la razón fundamental de nuestras acciones; se actúa impulsivamente o con un conocimiento rudimentario de la causa: procedemos más por instinto que por convicción.

En una crítica, por cierto, se tiene que estar convencido del objetivo del trabajo, por lo tanto debe ser muy conveniente comenzar por el análisis de los preconceptos o marco conceptual primario. Han de someterse al análisis y a la investigación las propias determinantes culturales, sociales y éticas. Se trata de realizar no sólo el estudio del objeto de la arquitectura sino, al mismo tiempo, el estudio del sujeto, en este caso, el propio arquitecto investigador. De ahí vendría un nuevo planteamiento, unas nuevas conclusiones y unos nuevos puntos de partida.

Como parte de la sociedad moderna, en México y en América Latina también ha surgido la crítica de la teoría arquitectónica y también ha producido un importante bibliografía, desafortunadamente ésta se ha difundido muy poco y se ha quedado más que nada en los círculos universitarios. Las nuevas generaciones de arquitectos investigadores tendrán que mejorar esto. La aparición en las escuelas de las materias, los talleres y los cursos orientados a introducir al estudiante de arquitectura en la temática de la crítica, la historia y la teoría de la arquitectura, responde por lo general a una necesidad de actualización institucional más que a una convicción individual de lo que se hace. De ahí que, de cuando en cuando, se encuentra uno con profesores de teoría que son marcadamente anti-teóricos, que van disfrazados de pragmáticos, pero que no tienen ni idea de lo que están hablando.

El objetivo de la crítica, vale recordar, no es el de oscurecer el horizonte teórico ni el de instaurar una teoría académica acartonada sino, por el contrario, es el de esclarecer la forma en que alguna cierta teoría (creativa y abierta) puede hacer corresponder a una ética comprometida socialmente con una práctica arquitectónica congruente y consecuente.


Noviembre del 2001

*En el borrador de nuestro Cuaderno 1999-2001 aparece la fecha: 3 de noviembre del 2001.







La escuela de arquitectura: entre la teoría y la práctica*
Por Mario Rosaldo
TEXTO ORIGINALMENTE PUBLICADO
EN DES NOUVELLES SUR LA GÉNÉRATION QUI VIENT
http://lagenerationquivient.blogspot.com
FECHA DE PUBLICACIÓN: 07/06


A pesar de los principios suscritos en los planes de estudio que recomiendan una formación general y profesional guiada por la actitud crítica, hoy la escuela de arquitectura refleja una clara tendencia al pragmatismo, esto es, a la aceptación realista de que siempre seremos rebasados por las circunstancias; que no las podremos cambiar jamás. Es una tendencia a aceptar fatalmente que las condiciones de vida del capitalismo son inalterables; que la vida material empuja a los individuos a actuar aun contra su voluntad: a tener por objetivo vital no una vida sana, sino un empleo, un trabajo económicamente productivo y a volverse despiadadamente pragmáticos o competitivos. Esta opinión se ve reforzada además por el predominio de la economía y la tecnología sobre la ciencia. En efecto, el papel de la ciencia moderna sigue siendo principalmente económico; la salud y la educación sólo se ven como una parte del problema financiero o estratégico, no son los objetivos fundamentales del capital.

Todo esto nos ha hecho sobrestimar la importancia de los resultados inmediatos, concretos, tanto en la escuela como en la crítica contemporánea de arquitectura. Esta crítica, en particular la crítica posmoderna y deconstructivista, ha adoptado el pragmatismo dominante desarrollando una especie de simbiosis con los mecenas y los patrones capitalistas. Su discurso supone ser un desafío a las autoridades, pero nunca amenaza los intereses del Estado capitalista; se contenta con atacar a las autoridades que representan el pasado. Las críticas posmodernas y deconstructivistas a la sociedad son actos meramente simbólicos, metáforas dirigidas a las estrellas. En los hechos la escuela de arquitectura nos muestra que la actitud crítica se reemplaza a menudo con un enfoque pragmático que en teoría facilita la toma de decisiones y el alcance de las metas en los plazos más cortos posibles, dicho enfoque lo comparten en especial aquellos que desprecian el discurso y la intelectualización de las decisiones.

En el pragmatismo se da una vieja discusión entre los que escogen el camino de la teoría subordinada a la práctica y los que prefieren una práctica sin teoría. En efecto, se trata de una confrontación que históricamente precede a la posmodernidad y la deconstrucción, pero hasta ahora éstas no han podido evitar adoptar las mismas actitudes utilitaristas, positivistas y pragmáticas supuestamente ya superadas por la nueva realidad de fin de siglo. Evidentemente la vía a través de la cual la crítica contemporánea de arquitectura hereda la mencionada contradicción metódica es el movimiento moderno. Huelga decir que no son los arquitectos modernos los que plantean el problema por primera vez, ellos solamente retoman una discusión ya en marcha. Tanto los esfuerzos didácticos de Walter Gropius para establecer un equilibrio entre la teoría y la práctica, sin renunciar a cambiar las condiciones de vida capitalistas por medio de una revolución del espíritu, como el utopismo de Le Corbusier quien se esforzaba para unir en un todo la sensibilidad del arte y la dura vida de los trabajadores, nos demuestran por contraste que los movimientos posmodernista y deconstructivista no solamente se han desinteresado del problema social, sino que además han tomado partido en favor de una práctica pragmática, desprovista de toda referencia teórica y moral.

Esta exagerada importancia del pragmatismo en la crítica reciente ha hecho creer a los estudiantes de arquitectura que en la escuela nunca ha habido una discusión respecto al equilibrio ideal entre la teoría y la práctica o entre la conciencia y la base económica. Y lo que es peor aún, la crítica pragmática dominante les ha hecho creer que todo eso ya está desacreditado para siempre. En consecuencia, en la escuela y en la crítica de arquitectura la búsqueda del equilibrio ha sido relegada al segundo plano, reducida a lo que los pragmáticos han considerado una especulación ociosa, una filosofía económicamente improductiva.

Julio 2006



* Publicado originalmente en francés con el título L’école d’architecture: entre la théorie et la pratique en Des nouvelles sur la génération qui vient.

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