viernes, noviembre 24, 2006

Proyecto y método en arquitectura (Undécima parte)

POR MARIO ROSALDO
ACTUALIZACIÓN 20 DE OCTUBRE DE 2013



Nuestro análisis anterior sobre la falta de rigor y veracidad en el método crítico de Jencks se refiere principalmente a los capítulos donde examina a Mies van der Rohe, Gropius, Wright, Le Corbusier y Aalto, pero también vale en general para el resto del libro. Comencemos ahora su estudio a un nivel más concreto. En la Introducción, además de hablarnos de la pluralidad de enfoques, Jencks bosqueja rápidamente su concepto central, a saber, el de la multivalencia, y de hecho es la única auténtica definición de un término que aparece en todo el libro (recuérdese que nos basamos en la reimpresión inglesa de 1980). He aquí la perla:

«Para ser más precisos, la multivalencia consiste en cuatro distintas cualidades: la creación imaginativa, o el ensamblado de partes de un modo nuevo, la cantidad de partes que se transforman, el enlace entre las partes que es la causa de esta creación y que permite que las partes se modifiquen mutuamente»[1].

Para no dejar lugar a dudas, y para no romper con el método de Popper y Gombrich, Jencks nos proporciona además un muy amplio ejemplo contrastando una obra, que a su juicio debe ser calificada de multivalente, con otra que por el contrario debe ser vista como univalente. Por supuesto que la primera es una obra de Le Corbusier, su prototipo de arquitecto multivalente, y la otra es de un arquitecto[2] que fuera de Inglaterra o Europa resulta poco conocido. La justificación de la elección de L’Unité d’habitation es prejuiciada y tautológica: nos dice que se trata de una obra multivalente que es famosa, y deja implícito que esta fama se puede explicar casualmente por su multivalencia, por la variedad de interpretaciones o lecturas que inspira. De entrada Jencks nos dice que en L’Unité Le Corbusier ha puesto al revés, y ha sintetizado de un modo creativo, una serie de diversas tradiciones[3]. Pero Jencks no entra en seguida a mostrar los ejemplos concretos de multivalencia. Primero se detiene a comentar las críticas contradictorias en torno de la obra, y los objetivos o ideales que explican esas volteretas que Le Corbusier ha hecho dar a la Utopía socialista, a las esferas públicas y privadas o al esquema tradicional del hogar. En otras palabras, lo que busca Jencks en la primera parte del ejemplo es el significado de la obra arquitectónica, lo mismo en la crítica que en el pensamiento de Le Corbusier. Pero hace esto únicamente para convencerse de que las críticas suscitadas por las ideas del arquitecto suizo-francés «sólo subrayan la naturaleza paradójica de la creación de Le Corbusier»[4]. No ven que para éste se trata del «restablecimiento de la armonía cósmica del hombre con la naturaleza que había sido destruida por la acelerada urbanización»[5]. Es en la segunda parte del ejemplo que Jencks nos ofrece dos pequeñas "pruebas" de la calidad multivalente de L’Unité.