Publicamos hoy este otro documento tomado de nuestro sitio Crítica y arquitectura. Es la lista bibliográfica propuesta para iniciar una investigación seria en torno de los conceptos generales (relativos a las ciencias sociales, las ciencias humanas, y la filosofía) y de los conceptos particulares propios del arte y la arquitectura, que suelen esgrimirse en el debate arquitectónico actual. En un inicio la idea era aprovechar la Red para actualizar nuestra biblioteca personal, la cual habíamos venido estudiando desde que estábamos en la universidad y aun después de nuestro egreso de la misma. Así que la base de esta lista bibliográfica se formó al principio con los títulos y los autores que ya conocíamos y que ya habíamos leído y releído durante los años setenta y ochenta. Después fuimos agregando las novedades —o, mejor dicho, lo que para nosotros eran novedades— las cuales habían aparecido desde mediados de los ochenta hasta los noventa y los primeros años del Siglo XXI (período de casi veinte años en el que, absorbidos por el trabajo profesional, no habíamos podido leer nada que no tuviera que ver con los problemas prácticos de la construcción y la administración de obras), y alguno que otro libro que no habíamos podido estudiar en su momento como el de Rem Koolhaas, que es de los setenta.
Dado que hemos apostado por una bibliografía crítica la lista incluye puntos de vista bastante divergentes, por no decir contradictorios y excluyentes. Esto significa que no hemos cedido al partidismo, a pesar de que pudiéramos inclinarnos más por una tendencia que por otra, ni al falso pluralismo donde la crítica radical ni siquiera es el convidado de piedra. De esta manera hemos dejado abierta la posibilidad de que cualquiera que hiciera uso de la lista hallaría algo de su interés o con lo cual pudiera identificarse. Pensamos que una bibliografía claramente partidista ayuda a reforzar sus convicciones a quien ya ha elegido previamente, pero en cambio deforma el análisis de quien apenas se inicia en el campo de la investigación. Este investigador, que suele ser un profesional en ciernes, como es el caso de todo estudiante, debe tener la oportunidad de elegir su propio partido, teórico o político. Es decir, una bibliografía que incluya todas las vertientes de la crítica y de la política dejará en manos del investigador o estudioso la decisión de su aproximación a una u otra corriente, y no será cooptado por el partido que defienda —consciente o inconscientemente— el autor de la lista, su asesor académico, o la institución que le evalúe. En nuestra opinión, la importancia de los libros en general no radica en su prestigio o su novedad, ni siquiera en su carácter de fuente clásica, sino más bien en el hecho de que son parte de un debate que ha intentado determinar la realidad, o incluso negar la posibilidad de esta determinación.
No vemos los libros como las soluciones definitivas de un problema, sino apenas como sus primeros planteamientos hipotéticos. Más que respuestas, los libros son preguntas, si acaso mejor formuladas que las nuestras. Pero el estudio de los libros, y en general de toda idea objetivada, no puede dejarse de lado porque, como experiencia histórica contradictoria, nos permiten extender los límites de nuestras circunstancias personales, de nuestras propias experiencias individuales. Los libros nos permiten salir del aislamiento y de la estrechez de miras, pues en ellos podemos confrontar nuestas ideas con las de otros, sean autores contemporáneos o de épocas pasadas. Hay quienes considerándose investigadores se conforman con creer las cosas, les basta creer en algo para pensar que ello es lógicamente verdadero, pero este modo de proceder en la investigación no sólo es un centrismo pobre, sino, también, una pobre ilusión que nada tiene que ver con la ciencia, aunque si con el cientificismo y la filosofía idealista más simplona.
No vemos los libros como las soluciones definitivas de un problema, sino apenas como sus primeros planteamientos hipotéticos. Más que respuestas, los libros son preguntas, si acaso mejor formuladas que las nuestras. Pero el estudio de los libros, y en general de toda idea objetivada, no puede dejarse de lado porque, como experiencia histórica contradictoria, nos permiten extender los límites de nuestras circunstancias personales, de nuestras propias experiencias individuales. Los libros nos permiten salir del aislamiento y de la estrechez de miras, pues en ellos podemos confrontar nuestas ideas con las de otros, sean autores contemporáneos o de épocas pasadas. Hay quienes considerándose investigadores se conforman con creer las cosas, les basta creer en algo para pensar que ello es lógicamente verdadero, pero este modo de proceder en la investigación no sólo es un centrismo pobre, sino, también, una pobre ilusión que nada tiene que ver con la ciencia, aunque si con el cientificismo y la filosofía idealista más simplona.
Rosaldo, Mario - Crítica y Arquitectura Bibliografía
















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